La biatleta francesa Julia Simon, una de las grandes estrellas del deporte invernal, ha protagonizado uno de los regresos más controvertidos en la historia de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026. Tras ganar dos medallas de oro, la atleta ha vuelto al centro del debate público no solo por su puntería y velocidad, sino por el escándalo legal que casi termina con su carrera: una condena por estafar a sus propios compañeros de equipo.
El caso se remonta a una serie de fraudes con tarjetas de crédito realizados entre 2021 y 2023. Simon fue acusada y posteriormente declarada culpable de utilizar sin autorización las tarjetas bancarias de su compañera de selección, Justine Braisaz-Bouchet, y de otro miembro del equipo técnico para realizar compras por internet que superaban los 2,000 euros. Durante el juicio, la deportista alegó no recordar los hechos, describiéndolos como un “apagón”, aunque terminó admitiendo su responsabilidad.
La justicia francesa le impuso una sentencia de tres meses de prisión condicional y una multa de 15,000 euros, además de una sanción deportiva por parte de la Federación Francesa de Esquí. Pese a la gravedad de los hechos y a la fractura interna que esto provocó en el equipo nacional —donde el ambiente llegó a ser calificado de “insoportable”—, Simon logró mantener su elegibilidad para competir en los Juegos Olímpicos, donde finalmente se alzó con la gloria deportiva.
Tras cruzar la meta y asegurar sus medallas, Simon realizó gestos de silencio hacia las gradas y las cámaras, en una clara respuesta a las críticas recibidas. En declaraciones recientes, la biatleta ha intentado cerrar el capítulo afirmando que su “pasado ha quedado atrás” y que toda su energía está centrada exclusivamente en el rendimiento deportivo. Sin embargo, su éxito ha dividido a la opinión pública francesa entre quienes celebran su resiliencia y quienes cuestionan la ética de permitir que represente al país tras traicionar la confianza de sus colegas.





