Europa se encuentra en una búsqueda desesperada de suministros de gas natural tras la parálisis de la producción de Gas Natural Licuado (GNL) en Catar, provocada por el conflicto armado en Oriente Medio.
Según reportes financieros internacionales, el cierre estratégico del estrecho de Ormuz ha dejado atrapado el 20% del suministro global de GNL, desatando una crisis de abastecimiento que amenaza la estabilidad económica del continente este 2026.
La administración de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, ha emergido como el punto más vulnerable de la Unión Europea ante esta coyuntura. Con una dependencia del gas catarí que rondaba el 10% antes del estallido de las hostilidades, el Gobierno italiano se ha visto obligado a declarar el estado de emergencia energética para gestionar el déficit de combustible y evitar cortes en el suministro industrial y doméstico.
En un intento por mitigar el impacto, delegaciones de alto nivel de Italia y España se han desplazado a Argelia con el objetivo de asegurar y ampliar el flujo de gas a través de los gasoductos del Mediterráneo.
Sin embargo, analistas advierten que la capacidad del país africano es limitada debido al aumento de su propia demanda interna, lo que restringe el excedente exportable hacia Europa.
El panorama europeo presenta matices según la matriz energética de cada país. Mientras que el bloque en su conjunto sufre por los elevados costes de importación, naciones como España han logrado amortiguar parcialmente el golpe gracias a una infraestructura robusta en energías renovables.
No obstante, la crisis subraya la fragilidad de la seguridad energética del continente y acelera el debate sobre la necesidad de diversificar rutas ante la volatilidad geopolítica en el Golfo Pérsico.
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