El consumo de sueros vitaminados intravenosos registró un crecimiento significativo a nivel internacional tras la pandemia de COVID-19, fenómeno que se ha observado en al menos 20 países, incluido México, donde esta práctica ha sido relacionada con la muerte de ocho personas en Sonora.
En el continente americano, el aumento en la demanda de estas terapias se ha reportado en países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina y México. A nivel global, también se ha documentado un crecimiento en naciones como China, Japón, India, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, España, Australia, Corea del Sur y Singapur.
A partir de 2021, muchas personas comenzaron a recurrir a estos tratamientos con el objetivo de fortalecer su sistema inmunológico ante nuevas variantes del coronavirus. Los sueros suelen incluir altas dosis de vitamina C, zinc, complejo B y otros nutrientes, y fueron utilizados principalmente para atender síntomas persistentes tras la infección, como fatiga, dolores musculares, pérdida de memoria y falta de energía.
Con el tiempo, el mercado de la terapia intravenosa se expandió hacia otros usos relacionados con el bienestar, incluyendo aplicaciones energizantes, cuidado de la piel, alivio de migraña o resaca, y mejora general del estado físico.
Sin embargo, especialistas han señalado que existe una falta de evidencia científica sólida que respalde los beneficios de estas terapias en personas sanas, particularmente cuando se emplean con fines de bienestar.
En México, el uso de estas prácticas se rige principalmente por la norma NOM-022-SSA3-2012, la cual no ha sido actualizada en más de una década, lo que ha generado preocupaciones sobre la regulación en la materia. Aunque la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios y la Food and Drug Administration han reforzado medidas sanitarias en los establecimientos donde se aplican estas terapias, el marco normativo es considerado insuficiente.





