En entrevista con Iván Mercado, Héctor Palafox Figueroa, director de investigación de las dimensiones de la pobreza del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, explicó el comportamiento reciente de las líneas de pobreza en el país y su relación con el incremento en los precios.
Detalló que México cuenta con una metodología integral para medir la pobreza, la cual no solo contempla el ingreso económico, sino también derechos sociales como alimentación, salud, educación, vivienda y seguridad social.
En ese sentido, explicó que existen dos principales indicadores: la pobreza extrema por ingresos —relacionada con la capacidad de adquirir únicamente la canasta alimentaria— y la pobreza por ingresos, que incluye además bienes y servicios como transporte, vestido y educación.
El especialista señaló que, aunque la medición oficial se actualiza cada dos años, el INEGI da seguimiento mensual al comportamiento del bienestar económico a través de la inflación y el costo de las canastas básicas.
En este contexto, destacó que el costo de la canasta alimentaria ha registrado incrementos importantes, con un alza anual de 7.9% en zonas rurales y de 8.1% en áreas urbanas, lo que refleja una presión directa sobre el poder adquisitivo de la población.
Al corte de marzo de 2026, precisó que la línea de pobreza extrema por ingresos se ubica en 1,940.67 pesos mensuales en el ámbito rural y en 2,571.18 pesos en el urbano.
En tanto, la línea de pobreza por ingresos —que incluye otros bienes y servicios— alcanza los 3,553.46 pesos en zonas rurales y 4,940.45 pesos en áreas urbanas.
Palafox Figueroa subrayó que estos indicadores permiten dimensionar cómo el aumento en los precios impacta directamente en la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades básicas, especialmente en un contexto inflacionario que continúa presionando el costo de vida en el país.





