El Papa León XIV afirmó que el mundo atraviesa un proceso de destrucción derivado de las acciones de un grupo reducido de tiranos.
Durante su intervención, el pontífice cuestionó a quienes utilizan las instituciones religiosas y la figura de Dios para beneficiar intereses militares, económicos y políticos.
El líder de la Iglesia católica señaló que la instrumentalización de la fe para justificar conflictos o acumulación de poder representa una desviación de los valores espirituales.
En este contexto, hizo un llamado a separar las convicciones religiosas de las agendas particulares que fomentan la inestabilidad global.
El pronunciamiento enfatiza la responsabilidad de los actores internacionales en la preservación de la paz y la ética en el ejercicio del poder.
La declaración del sumo pontífice se suma a las posturas críticas sobre la situación geopolítica actual y el papel de las cúpulas de poder en el deterioro social.
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