El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escaló la tensión en el Medio Oriente al ordenar a la Armada disparar y destruir cualquier embarcación, sin importar su tamaño, que sea detectada desplegando minas en el Estrecho de Ormuz.
A través de un mensaje directo, el mandatario estadounidense subrayó que no debe existir “ninguna duda” sobre la determinación de sus fuerzas navales, asegurando además que la flota del país rival ha sido neutralizada y que sus navíos se encuentran “en el fondo del mar”.
Esta directriz presidencial surge en un contexto de máxima fricción en una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio global de petróleo. La orden de atacar barcos pequeños busca frenar las tácticas de guerra asimétrica y el minado de aguas internacionales que han afectado la libre navegación en la región.
Con esta medida, la Casa Blanca refuerza su postura de tolerancia cero ante cualquier intento de bloqueo o sabotaje en el estrecho, elevando el riesgo de un enfrentamiento directo en la zona.





