El director financiero del Pentágono, Jay Hurst, informó ante el Congreso de los Estados Unidos que la intervención militar contra Irán ha generado un gasto acumulado de 25,000 millones de dólares. Según el reporte oficial, el grueso de esta inversión proviene del uso intensivo de municiones de precisión, específicamente bombas y misiles, empleados para degradar las capacidades estratégicas de Teherán.
Esta cifra fue presentada en el marco de una ríspida audiencia ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, donde el secretario de Defensa, Pete Hegseth, defendió la legitimidad de la campaña bélica. Hegseth sostuvo que el uso de la fuerza ha sido una “medida necesaria” para neutralizar el programa nuclear iraní y salvaguardar los intereses estadounidenses en la región, pese a las críticas por la falta de una estrategia de salida clara.
Cuestionamientos y consecuencias globales
La comparecencia de Hegseth no estuvo exenta de tensiones, ya que legisladores de ambas bancadas manifestaron su preocupación por diversos factores derivados del conflicto:
Impacto Económico: La guerra ha provocado una escalada en los precios globales de la energía, afectando los mercados internacionales este 2026.
Costo Humano: Se cuestionó el alto número de bajas civiles reportadas durante las operaciones.
Falta de Planificación: Miembros de la bancada demócrata y sectores republicanos señalaron la ausencia de un plan post-conflicto, advirtiendo sobre las consecuencias humanitarias a largo plazo.
Con el costo operativo ascendiendo a los 25 mil millones de dólares, el debate en Washington se centra ahora en la viabilidad financiera de mantener la ofensiva y el impacto que este gasto tendrá en el presupuesto de defensa para el resto del año fiscal.
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