lunes, mayo 11, 2026

La culpa no la tiene Mario

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Mario Delgado pasará a la historia de México como el ejemplo perfecto del porqué un político y economista no puede ser nombrado como secretario de Educación de un país de 130 millones de habitantes con un nivel educativo magro.

La torpe e insensata decisión de adelantar el fin del ciclo escolar argumentando razones climáticas y peor aún, motivos de “logística” ante un evento más comercial que deportivo, como lo es la Copa Mundial de Fútbol, resultó una franca estupidez.

Entendiendo a la estupidez no como un insulto banal y plenamente justificado, sino como la torpeza evidente para comprender, razonar o actuar con inteligencia elemental ante un reto circunstancial.

La idea de cerrar más de 255 mil escuelas y mandar a sus hogares a 32 millones de niñas, niños y adolescentes, corresponde a la lógica de un empleado del sistema, a la de un asistente con iniciativa irreverente.

Pasar por alto los profundos efectos y consecuencias de este “acuerdo” tomado entre un grupúsculo de servidores públicos abyectos, nos obliga como sociedad a cuestionarnos sobre la corresponsabilidad que tenemos en el origen y destino de nuestra nación y de las generaciones que intentarán subsistir en ella.

No hay pretexto válido, no hay justificación que alcance a cubrir o matizar la mediocridad del político que hoy está encargado de la educación de un país entero, pero de esto, debemos ser justos y objetivos, el economista no tiene la culpa.

La lógica para tratar de evitar desgastes y daños políticos al movimiento del cual emana, subsiste y se debe, llevó a este personaje de forma instintiva a defender a su partido Morena, aun sobre el daño que podrían sufrir millones y millones de alumnos marcados de por sí, por un bajo nivel de aprovechamiento escolar.

La buena noticia es que, ante la insensatez anunciada con singular alegría en el rostro del secretario de Educación, la sociedad mexicana reaccionó con determinación para rechazar y desobedecer la ocurrencia.

Organizaciones, instituciones, autoridades, asociaciones y sociedad en general no dudaron en levantar la voz y rechazar el “acuerdo” tomado por los responsables de la educación en nuestro país.

No hacía falta evidenciar la enorme cantidad de consecuencias académicas, sociales, económicas y hasta políticas que podría traer la “genialidad” de Mario Delgado, sin embargo y por aquello de las necedades del poder, las redes se desbordaron con datos y números que terminaron por desnudar nuestra mediocre realidad educativa.

Incluso con todo ello, todavía la presidenta intentó maquillar la torpeza de su secretario al señalar que se trataba de una “propuesta”, sin embargo, insensato como es, Mario decidió insistir en su osadía ante lo cual, hoy la pregunta se impone: ¿Cuánto tiempo más debe estar la educación de los mexicanos en manos de un político como Mario Martín Delgado Carrillo?

La interrogante no es menor y no debe interpretarse como un ataque a esta figura de la desgastada 4T. El también economista ha mostrado en diferentes momentos ser un férreo defensor de su maestro y de su movimiento de cuarta transformación, entonces, lo que sobra en la ecuación no es la fidelidad del político a su líder en retiro, sino la educación de 32 millones de mexicanos.

Por lo que significa en este inminente cambio de era, la Secretaría de Educación en México no puede seguir siendo tratada como una cartera política en donde pueden llegar ideólogos trasnochados o políticos serviles y mediocres.

México ocupa el lugar 35 de 37 posiciones en materia de aprovechamiento y nivel educativo dentro de la organización para la competitividad y el desarrollo económico mundial (OCDE).

En el mundo hoy se debaten e instrumentan cambios históricos a diferentes modelos educativos, se promueven desafiantes formas de pensamiento crítico en las nuevas generaciones, se construyen ahora mismo los nuevos ordenadores cuánticos que marcarán el antes y después de nuestra civilización.

Y a menos de que en nuestro país siga permeando la lógica de que “No me vengan con que la ley es la ley…” y ahora pretendan decirnos “No me vengan con que la educación es primero…”, la presidenta debe atender esta alarma encendida por Mario Delgado y proteger la condicionada formación educativa de nuestra nación.

En México hay un dicho popular que reza: “La culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace compadre…”, pues en este penoso episodio, está más que claro que la culpa no la tuvo Mario.

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