Alejandra se enfrentaba al desafío de recorrer la peligrosa y sinuosa ‘Vía Corta’ de la ranchería Habanero. Las horas pasaron sin que ella se diera cuenta, inmersa en las emociones de una fiesta de fin de semana a la que había acompañado a sus dos hijas.
Sin embargo, la falta de visibilidad y el mal estado del camino desembocaron en un trágico accidente en el que la camioneta se envolvió en llamas. La más joven, apenas una niña de cinco años, quedó atrapada en su portabebé, presa del fuego voraz.
El sonido de las llamas y el brillo ardiente alertaron a los pocos vecinos de la zona, quienes acudieron al lugar del siniestro. A pesar de sus esfuerzos, solo lograron rescatar a Alejandra y a otras dos mujeres, mientras veían impotentes cómo el fuego consumía a la pequeña en su asiento de seguridad.
Mientras Alejandra recibía ayuda a un lado del camino, su hija Aritzy, de dieciséis años, yacía sin vida, víctima de los crueles golpes del accidente. Cintia, que las acompañaba, luchaba por sobrevivir junto a otro menor no identificado. La tragedia había iluminado la escena, teñida por el fuego y el dolor.
Las víctimas fueron identificadas por Rubén, el hermano de Alejandra, quien dijo que tenían su domicilio en la colonia María Guadalupe. Rubén fue alertado por la trágica noticia y al llegar al lugar, presenció el traslado de las sobrevivientes al hospital cercano. Su corazón se detuvo al reconocer el cuerpo de Aritzy, tendido entre la hierba.
Atormentado por la pérdida, Rubén preguntó por la más pequeña, Aliz, cuya ausencia pesaba como una losa sobre su alma al no poder encontrarla por ningún lado.
Un silencio sepulcral envolvía a los presentes, hasta que una voz entrecortada dijo, “Una niña no pudo salir, se quedó en el portabebé”, fue la respuesta que destrozó el corazón de Rubén. Sus piernas cedieron y se desplomó de rodillas, consumido por la agonía en el borde de aquel camino siniestro que le había arrebatado a sus dos sobrinas, mientras que su hermana convalece en el hospital regional.





