jueves, abril 2, 2026

Tehuacán: la ciudad del agua mineral que marcó una era

spot_img

Compartir

Además de ser reconocida durante siglos como la “Ciudad de Indios”, Tehuacán también se consolidó como una de las zonas más emblemáticas del país por la riqueza de sus aguas minerales, lo que impulsó una importante proyección económica en la era dorada de la industria refresquera.

Ubicada en las faldas del imponente Pico de Orizaba, esta ciudad recibe de forma natural los escurrimientos subterráneos de los glaciares de la montaña, lo que le otorga una peculiaridad geológica privilegiada: manantiales ricos en minerales que durante décadas posicionaron a Tehuacán como sinónimo de agua gasificada de alta calidad.

Esa riqueza natural dio pie a una industria refresquera poderosa. A mediados del siglo XX surgieron marcas que hicieron historia, como Balseca, Garci-Crespo, San Lorenzo, San Francisco, Etiqueta Azul, El Riego y Peñafiel, muchas de las cuales traspasaron fronteras y llevaron el nombre de Tehuacán a lo más alto del mapa comercial, generando empleo y dinamismo económico local.

El reconocimiento de las aguas minerales de la región inició desde principios del siglo XX, cuando se les atribuyeron propiedades curativas. Fue entonces que los empresarios Anacarsis Peralta y Joaquín Pita embotellaron una bebida llamada Cruz Roja, resaltando sus beneficios para la salud. El éxito fue tal, que se distribuyó por gran parte del país.

Este auge atrajo a inversionistas como Miguel Mantilla, un poblano dedicado al embotellado de refrescos, quien se trasladó a Tehuacán e inició operaciones en 1905 en el manantial El Riego, con una inversión de 25 mil pesos. Su negocio creció rápidamente, lo que generó competencia inmediata. Uno de los rivales fue San Lorenzo Mineral Waters Company, liderada por el inversionista norteamericano Leo Fleishman.

A raíz de ese entorno competitivo, surgieron otras marcas impulsadas por Mantilla, como Estrella Roja, Estrella Verde y Águila Roja. Aunque el crecimiento se vio interrumpido durante la Revolución Mexicana, la industria volvió a tomar fuerza años después.

Uno de los capítulos más destacados de esta historia lo protagoniza Garci-Crespo. En 1928, José María Garci-Crespo de la Vega y Carlos Silva fundaron Manantiales de Tehuacán S.A., enfocada en la distribución de agua mineral en la región centro del país. En 1937, la empresa cambió su razón social a Manantiales Garci-Crespo S.A. de C.V., y dos años después abrió una distribuidora en el Valle de México.

En 1948, tras la salida de Garci-Crespo de la sociedad, la empresa fue rebautizada como Manantiales Peñafiel S.A., en alusión a una peña natural que regulaba las corrientes subterráneas. Un año más tarde, Garci-Crespo fundó su propia empresa: Embotelladora Garci-Crespo S.A. de C.V., con capital 100% propio.

La industria alcanzó su máximo esplendor entre las décadas de 1950 y 1970, cuando Tehuacán vivió su auge comercial. El crecimiento trajo consigo importantes inversiones en infraestructura, como hoteles y hasta un campo de golf, financiados en gran parte por las embotelladoras. El boom generó una economía pujante que colocó a Tehuacán como uno de los municipios más productivos del estado de Puebla.

Sin embargo, con el paso del tiempo, muchas de estas empresas desaparecieron, quedando solo recuerdos, museos y nombres que evocan aquella época gloriosa. Hoy, Peñafiel es la única marca que se mantiene en el mercado, como vestigio de una industria que alguna vez definió la identidad económica y cultural de la ciudad.

Aunque la industria refresquera ya no es lo que fue, su legado aún resuena entre quienes vivieron aquellos años dorados. Tehuacán, con su historia y su agua mineral, sigue siendo un símbolo del ingenio y la riqueza natural de México.

spot_img

Leer más

Elecciones 2024