La muerte del Papa Francisco, a los 88 años, conmocionó al mundo entero. Su legado, marcado por su enfoque renovador en la Iglesia Católica y su forma única de vivir y expresarse, perdurará en las décadas venideras. A lo largo de su papado, Francisco nunca dejó de ser Jorge Mario Bergoglio, hincha fervoroso de San Lorenzo y apasionado por el fútbol. Esta pasión por el deporte quedó plasmada en una pequeña vitrina en el Vaticano, donde creó un “museo del fútbol” que exhibía regalos que recibió durante su papado.
“Con una pelota de trapo se hacen milagros”, dijo el Papa en 2019, reflejando su visión del fútbol como algo que va más allá de lo deportivo. Desde su elección el 13 de marzo de 2013, recibió a numerosas figuras del deporte y el fútbol, quienes le obsequiaron objetos que decidieron ser exhibidos en un espacio especial.

Los recuerdos más destacados provienen de San Lorenzo y la selección argentina. Entre las tres camisetas de San Lorenzo, la que más resalta es la que lleva su nombre en la espalda, en conmemoración al campeonato local de 2013, año en que fue elegido Papa. Además, se encuentran los guantes del arquero Sebastián Torrico, quien fue clave en ese torneo.
Uno de los objetos más destacados es la réplica de la Copa Libertadores, el trofeo que San Lorenzo ganó en 2014 bajo la dirección de Edgardo “El Patón” Bauza. El equipo viajó al Vaticano para que el Papa pudiera ver este logro histórico, que para él representaba un momento crucial en su amor por el club.

“Ser de San Lorenzo es parte de mi identidad cultural”, declaró Francisco, quien desde niño compartió la pasión por el club con su padre, Mario. En 1946, con solo 9 años, comenzó a seguir al equipo, siendo testigo de su consagración en el campeonato de ese año. El mensaje de San Lorenzo al despedir al Papa reflejaba este profundo vínculo: “De Jorge Mario Bergoglio a Francisco, hubo algo que jamás cambió: su amor por el Ciclón”.
Entre otras reliquias expuestas, destacan objetos de la selección argentina, como una pelota firmada por Mario Kempes y dos camisetas: una del Mundial 2014 y otra de la Copa América 2011, esta última con la firma de todos los jugadores, incluyendo a Lionel Messi. Además, se exhibe una camiseta de Pelé, quien para Francisco fue el mejor futbolista de todos los tiempos.

El Papa también recibió a futbolistas en la Sala Clementina del Vaticano, donde les recordó la importancia de ser ejemplos de “lealtad, respeto, altruismo y solidaridad”. Instó a los jugadores a ser modelos a seguir, especialmente para los jóvenes, y destacó su responsabilidad como embajadores de la paz social. Con humor, comparó a los italianos y argentinos, generando sonrisas entre los presentes. Su amor por su origen argentino tocó profundamente a Messi, quien no pudo evitar emocionarse.
Para Messi y los futbolistas presentes, ese encuentro en el Vaticano en 2013 fue un momento inolvidable, donde el deporte y la espiritualidad se fusionaron a través de la figura del Papa Francisco. Ese día, más allá de ser un homenaje a un Papa sudamericano, subrayó el poder del fútbol para promover valores universales como la paz, la solidaridad y la responsabilidad social.





