Por primera vez en la historia, astrónomos lograron observar de manera directa la “telaraña” invisible que estructura al universo.
El hallazgo fue posible gracias al instrumento MUSE del Very Large Telescope, con el cual se captó un filamento cósmico de más de tres millones de años luz que conecta dos galaxias con quásares activos.
Con esta observación se confirma lo que la teoría había planteado durante décadas: las galaxias no están aisladas, sino que se alimentan del gas que fluye a través de estos ríos cósmicos, guiados por la materia oscura, de manera semejante a frutos que dependen de raíces ocultas.
Para obtener la imagen, los científicos requirieron cientos de horas de exposición con el fin de captar el débil resplandor del hidrógeno ionizado, como si los propios átomos del universo revelaran su arquitectura secreta.
El estudio también muestra que esta red no permanece estática, sino que late y se mueve, moldeada por la materia oscura y nutriendo galaxias enteras. En palabras de los astrónomos, lo que da forma al universo no es lo visible, sino lo invisible.





