martes, mayo 5, 2026

Opinión. Puebla le sienta bien

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Por Iván Mercado

Es incuestionable. Para la presidenta Sheinbaum venir a Puebla es sinónimo de
aplausos, porras y gritos de apoyo a su gobierno. Es visitar un territorio en el que
por unas horas se puede quitar de encima esa presión incesante del escándalo
fácil y de los reclamos no controlados.

La doctora ha comprobado ya por sexta ocasión que hoy por hoy, en Puebla muy
difícilmente va a ser increpada o cuestionada por una asistencia inconforme o por
una turba comisionada desde la oposición (que aquí, no existe).

En 8 meses, el jefe del ejecutivo poblano ha logrado hacer del estado, un
territorio incondicional para Claudia y para la 4T. Alejandro Armenta se ha
encargado de hacer de la confiabilidad una de las estrategias más efectivas para
su gestión ante la mandataria.

Ella lo sabe y sobre todo lo siente, por eso su expresión, por eso su sonrisa, por
eso sus palabras de cobijo al mandatario local cuando le reconoce el trabajo que
se realiza en el “glorioso y grandioso estado de Puebla”. 

Esos son calificativos que aunque la historia los concede de facto, si no están en
el ánimo de una visita presidencial sencillamente no se pronuncian, no se
conceden.

La mandataria cumplió su visita a Puebla con motivo de su primer informe de
gobierno, a casi ya un año de haber asumido la responsabilidad de gobernar esta
muy compleja nación.

Ante un recinto repleto, en su gran mayoría por poblanas enjundiosas, la doctora
platicó con evidente comodidad sobre sus acciones de gobierno más destacadas
en la entidad. 

Los programas del bienestar, el rescate del río Atoyac, las nuevas torres de
cardiología y oncología del Hospital del Niño Poblano, el diseño del automóvil
eléctrico Olinea, el polo para el desarrollo en la Capital para la Tecnología y Sostenibilidad, la rehabilitación de la presa de Valsequillo y por supuesto, las
múltiples pensiones del bienestar en las que hoy están inscritos más de millón y
medio de poblanos.

En Puebla se presumió el Tren Maya, la refinería Dos Bocas, el tren
interoceánico, el combate a la corrupción, la votación del poder judicial, todo
claro, bajo el insustituible principio de “por el bien de todos, primeros los pobres”
Todo fue motivo de aplausos, de porras, de abrazos y de sonrisas.

La presidenta cumplió su objetivo de tener una presencia efectiva y vibrante en Puebla y el
gobernador Armenta cumplió su meta de proyectar un territorio aliado para la
mandataria.

Por un buen rato, las autoridades no tuvieron en la mente los escándalos de
corrupción por el huachicol fiscal, las amenazas extranjeras por aranceles, la
violencia incesante del narcotráfico, la colusión de político morenitas con el
crimen organizado, los excesos y protagonismos de políticos mareados de la 4T y
todos los retos que se asoman ya para el 2026.

Lejos de todo esa realidad pues, la presidenta encontró una vez más en Puebla
un destino en el que puede sentir el anhelo de todo político y autoridad: Escuchar
su nombre ser gritado incansablemente como muestra apoyo y reconocimiento
de un pueblo agradecido y entregado.

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