Un estudio basado en observaciones satelitales de la NASA revela que, en los últimos 24 años, la Tierra refleja cada vez menos radiación solar, fenómeno conocido como reducción del efecto albedo. Esta tendencia no afecta a ambos hemisferios por igual: el norte se oscurece más rápido que el sur, lo que rompe la simetría que se había mantenido durante décadas y podría alterar el sistema climático global.
El efecto albedo describe la proporción de radiación solar que rebota en la superficie, las nubes y los aerosoles. En los años setenta, las primeras mediciones mostraban que alrededor de un tercio de la radiación era reflejada, mientras que la otra parte se absorbía o quedaba atrapada en la atmósfera. Aunque se esperaba que el hemisferio norte, con más masa continental, reflejara menos que el sur, donde predomina el océano, el balance se mantenía equilibrado gracias a factores como la nubosidad y la contaminación atmosférica.
Hoy, ese equilibrio se rompe. Según Norman G. Loeb, investigador del Centro de Investigación Langley de la NASA y líder del proyecto CERES, la reducción del albedo responde a cambios en las concentraciones de aerosoles, la disminución de nieve y hielo, y la variación en el vapor de agua. El derretimiento acelerado del Ártico es especialmente crítico, ya que el hielo que antes reflejaba radiación está siendo reemplazado por agua que la absorbe.
Los datos de CERES, desplegado en una decena de satélites, muestran que mientras en el hemisferio sur el albedo disminuye lentamente, en el norte la pérdida es más marcada: desde 2020, captura 0,54 W/m² más de energía solar por década, lo que intensifica el calentamiento en esa región.
Las consecuencias ya empiezan a notarse: alteraciones en los patrones de lluvia, debilitamiento de las grandes corrientes oceánicas y desplazamiento hacia el norte de la Zona de Convergencia Intertropical. De confirmarse estas tendencias, se modificaría la circulación atmosférica y oceánica que regula el clima en todo el planeta.
Expertos como Aiko Voigt, de la Universidad de Viena, destacan la importancia de estos hallazgos, aunque piden cautela: dos décadas de observaciones son insuficientes para confirmar la desaparición definitiva de la simetría del albedo. Josep Calbó, de la Universidad de Girona, coincide en que puede tratarse de una señal más del cambio climático, aunque aún persisten incertidumbres.
Lo cierto es que este fenómeno plantea una interrogante clave: ¿el sistema climático encontrará mecanismos naturales para restablecer el equilibrio, o estamos entrando en una etapa de mayor asimetría entre hemisferios?




