Las Fuerzas de Defensa de Israel llevaron a cabo este miércole lo que han calificado como su “mayor ataque” contra territorio libanés desde el inicio de las hostilidades en marzo.
En una operación relámpago de apenas 10 minutos, la aviación israelí descargó 160 bombas sobre diversos puntos estratégicos y zonas residenciales, dejando un saldo preliminar de decenas de muertos y cientos de heridos.
El bombardeo, que se extendió desde el sur hasta el valle de la Becá y los suburbios de Beirut, ha sumido al país en el caos, con infraestructuras civiles y sanitarias severamente dañadas.
La magnitud del ataque ha desbordado por completo la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia libaneses. Ante la avalancha de víctimas y el colapso de los centros médicos, las autoridades de salud han lanzado un llamado urgente a la población para que acuda de inmediato a los hospitales a donar sangre. Testigos en el terreno describen escenas de devastación absoluta, incluyendo ataques directos contra ambulancias y un cementerio durante un funeral, donde fallecieron al menos diez personas más.
Este recrudecimiento de la ofensiva ocurre en un momento crítico, mientras Beirut intenta negociar su inclusión en el cese al fuego regional pactado recientemente entre Estados Unidos e Irán, una posibilidad que este último bombardeo parece alejar drásticamente.
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