El presidente de Francia, Emmanuel Macron, rechazó categóricamente una intervención armada para liberar el tránsito en el Estrecho de Ormuz.
El mandatario calificó de inviable cualquier intento de reapertura forzosa, priorizando la negociación política sobre la confrontación directa.
Macron fue enfático al señalar que una operación militar no solo sería ineficaz en el corto plazo, sino que resultaría extremadamente peligrosa para las fuerzas internacionales involucradas.
“Una operación militar para reabrirla llevaría una cantidad de tiempo infinita y expondría a las fuerzas a inmensos riesgos costeros y balísticos”, advirtió el líder francés.
Esta declaración pone de relieve la vulnerabilidad de las flotas ante el armamento de precisión y las tácticas de defensa asimétrica en una de las rutas marítimas más angostas y estratégicas del mundo.
A diferencia de posturas más agresivas, el Palacio del Elíseo sostiene que la normalización del paso de buques solo es posible mediante el diálogo con Teherán. Según Macron, la comunidad internacional debe entender que la estabilidad de Ormuz depende de una coordinación directa con Irán, más que de la imposición externa.
Incertidumbre global
El presidente francés subrayó que la economía mundial no puede estar sujeta a la volatilidad de un paso que “se pueda abrir o cerrar de la noche a la mañana”. El Estrecho de Ormuz es vital para el suministro energético global, y su bloqueo representa una amenaza constante para los mercados financieros y el precio de los hidrocarburos.
Macron descarta el uso de la fuerza en el Estrecho de Ormuz: “Abrirlo militarmente es poco realista”
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