Este domingo 1 de marzo de 2026, la reforma constitucional para la reducción de la jornada laboral se posiciona como el tema central de la agenda económica y social. Aunque el avance es calificado como un “hito de justicia social”, la académica y experta laboral de la UAM Xochimilco, Graciela Bensusán, advierte que la implementación final arrastra riesgos que podrían desvirtuar el espíritu de la ley.
En un análisis detallado para El Economista, la especialista desglosa los puntos clave de este cambio histórico bajo una óptica de “lo bueno, lo malo y lo feo”.
Análisis de la Reforma: El balance de Bensusán
Lo Bueno: El Consenso
A diferencia de otras reformas unilaterales, esta reducción fue negociada con el sector empresarial. Bensusán destaca que evitar la imposición es una señal de estabilidad para la economía, especialmente considerando que los empleadores ya han absorbido costos previos como el aumento al salario mínimo y las reformas en pensiones y vacaciones.
Lo Malo: El descanso “en el tintero”
La gran asignatura pendiente es la garantía formal de los dos días de descanso consecutivos. Al no quedar explícito en la normativa para todos los sectores, se limita el impacto real en la calidad de vida y la desconexión necesaria para la salud física y mental de los trabajadores.
Lo Feo: El incentivo de la hora extra
El punto más crítico reside en el costo de las horas extraordinarias. Según la experta, la nueva estructura de pagos podría hacer que la hora extra resulte más barata para el patrón que contratar a un nuevo empleado.
Al no pagar seguridad social ni prestaciones sobre estas horas, las empresas tienen un incentivo económico para extender la jornada actual en lugar de crear nuevas plazas.
Existe el riesgo de que el trabajador, debido a salarios aún insuficientes, termine laborando el mismo tiempo de antes pero bajo un esquema que beneficia el ahorro de costos de la empresa.





