Tras la aprobación parcial del “Plan B” de la reforma electoral en el Senado, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo adoptó una postura de respeto, aunque crítica, ante el tablero político resultante.
La mandataria evitó calificar como una traición el voto en contra del Partido del Trabajo (PT) respecto al adelanto de la revocación de mandato para 2027, señalando que cada fuerza política tiene la libertad de definir su sentido de voto y que, al final, será la ciudadanía quien haga su propia valoración sobre el comportamiento de los partidos en el Congreso.
Sheinbaum subrayó que, aunque el PT se desmarcó de la propuesta de empatar la consulta de revocación con las elecciones intermedias, esta postura fue compartida por el bloque opositor en su conjunto.
Para la presidenta, el rechazo a que el pueblo evalúe su gestión en 2027 responde más a un cálculo de supervivencia electoral por parte de los partidos que temen una reducción en su votación ante la presencia de la titular del Ejecutivo en la boleta, que a una cuestión de principios democráticos.
Pese a que el artículo 35 constitucional no fue modificado para permitir la revocación el próximo año, la mandataria celebró que el núcleo de la reforma enfocado en la austeridad lograra transitar con éxito.
La presidenta destacó que la aprobación de los topes salariales para altos funcionarios, la reducción de regidurías en los municipios y el ajuste presupuestario en los congresos locales representan el triunfo de la visión de “gobierno rico con pueblo pobre”, permitiendo que esos ahorros se canalicen directamente a los programas sociales.
Finalmente, la titular del Ejecutivo reiteró que su administración no se detendrá ante estas resistencias legislativas y que la coalición gobernante sigue siendo sólida en sus objetivos fundamentales.





