La eficaz estrategia de una sociedad dividida entre “chairos” y “fifis” ahora le juega en contra a
la 4T y abre el escenario social idóneo para que EEUU se entrometa con relativa justificación
ante la supuesta incapacidad de las autoridades mexicanas por devolver la legalidad y la
tranquilidad a su territorio.
El 2026 ha comenzado de manera vertiginosa para el mundo y en
particular para los mexicanos. Primero la detención escandalosa del
infame dictador de Nicolás Maduro y casi de inmediato, los anuncios
(advertencias) de intervenciones militares contra cárteles de la droga
en territorio mexicano.
Está claro que el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump
dejó los amagos y las bravuconadas del 2025, para pasar a una
estrategia de acción muy cuestionada en el mundo, pero efectiva en el
tablero político del republicano.
Este escenario sin embargo, resulta de alto riesgo para una relación
que hasta ahora le ha permitido a México pertenecer a uno de los
bloques económicos más vigorosos e influyentes del planeta en los
últimos 35 años.
No obstante y a la par, el liderazgo de la Unión Americana ante el
mundo ha venido en declive desde hace una década y esa es una
realidad que Trump conoce bien, por ello su obsesión supremacista,
por eso su slogan de “Make América Great Again”, y también por eso
su peligrosa determinación de recuperar el terreno perdido en materia
de liderazgo mundial, cueste lo que cueste.
Todo indica que el impredecible de Trump está dispuesto a tomar
decisiones de alto impacto aún fuera de toda regla, norma y leyes
internas o externas para los Estados Unidos. Su cancha inicial es el continente americano y así lo hará con tal de conseguir sus objetivos
políticos y hegemónicos.
La ambición y la ignorancia son atrevidas y en este caso, ya no hay
límites ni organismos mundiales que contengan a un gigante
gobernado por un octogenario obsesionado y con el tiempo en contra.
Su encomienda entendida como misión la tiene muy clara y equivocada
o no, riesgosa o no, la piensa ejecutar.
Ha sucedido ya en una Venezuela hundida en la incertidumbre, un
escenario peor del que ya existía con la dictadura del infame Maduro;
allá, lejos de liberarse del chavismo y sus ejecutores, hoy los
venezolanos sufren la ira de unos verdugos heridos que buscan
castigar a todo aquel que tenga el menor indicio de “traidor a la patria”.
La desgracia para ese pueblo sudamericano es que a menos de 15
días de la captura del tirano, ya está bastante claro que para los EEUU,
el petróleo de esa tierra es mucho más importante que la libertad de
ese pueblo.
Ahora, tras el “golpe” al cártel de los soles, en la mente de Trump y
parece que en la agenda de seguridad de los estadounidenses, figuran
varios territorios donde bajo esta lógica de justicia intervencionista,
debe instrumentarse un plan de acción militar que sirva como mensaje
para los norteamericanos y para el mundo.
Lo grave es que entre esos territorios está México, un aliado
incondicional y vecino estratégico con más de 3 mil 180 kilómetros que
no pueden ser ignorados, sometidos o borrados de una geografía
incómoda pero necesaria para ambas naciones.
El delicado momento mexicano ha sido muy bien calculado. La
desgracia de un país arrodillado ante la delincuencia que fue solapada
desde el poder es el pretexto idóneo para someter a México una
política de acoso intervencionista que ya no dará tregua.
La eficaz estrategia de una sociedad dividida intencionalmente entre “chairos” y “fifis” ahora le juega en contra a la cuarta transformación y abre el escenario social idóneo para que EEUU se entrometa con
relativa justificación ante la supuesta incapacidad de las autoridades
mexicanas por devolver la legalidad a su territorio.
La complicidad expuesta entre el gobierno de López Obrador con
grupos del crimen internacional asentados en México ha condenado a
este país a vivir un proceso de degradación ante la mirada del mundo
entero.
El dilema y enorme riesgo es que a pesar de los resultados que en
materia de seguridad ha entregado el gobierno de la presidenta
Sheinbaum, parece que estos ya no son suficientes para cambiar la
percepción de que México es un peligro latente para norteamérica.
Y si la herencia lopezobradorista no fuera suficiente, la presidenta
también tiene que enfrentar en julio la compleja renegociación de un
tratado comercial que ya no tiene cabida en el plan de los Estados
Unidos, pero que es vital para los mexicanos.
Hoy está claro que en la lógica con la que se empoderó la cuarta
transformación de México y en algún momento de delirio, su máximo
líder decidió ignorar la historia y optó por olvidar temporalmente
nuestra real dependencia económica con los vecinos del norte.
Un error de calculo político brutal.
El horizonte se avizora peligroso para México, el margen de maniobra
se reduce y la decisión histórica que desde el gobierno deberá tomar la
doctora es ya, inevitable.





