lunes, febrero 2, 2026

Puebla le sienta bien a la Doctora.

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Por Iván Mercado.

La de este jueves, fue la décima visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Puebla en poco más de un año de mandato. Una gira presidencial cada 42 días desde que inició su gobierno, una práctica que dice mucho, una frecuencia que no puede ser vista como mera casualidad.

Sin embargo, las circunstancias han cambiado de manera radical desde que la doctora visitó por primera vez este territorio como jefa del ejecutivo federal; en aquella ocasión la mandataria estuvo en Puebla en diciembre del 2024 para inaugurar las primeras instalaciones del IPN en el estado. El triunfo histórico recién obtenido por una mujer preparada proyectaba un México prometedor en casi todos los escenarios.  

Catorce meses despúes, la mandataria federal enfrenta retos sin precedente en la historia de este México convulso y atrapado aún por fuerzas de un crimen organizado que se niega a dejar el abrazo protector que le entregó todo durante el sexenio pasado.

Aunado a ello, la presidenta y su gobierno tienen enfrente a un Donald Trump desbocado por la edad y por una circunstancia internacional que confirma cambios en los liderazgos del mundo.

Y por si eso no fuera suficiente, la mediocre visión de su antecesor tiene hundido al país en un entorno económico deplorable y justo en ese escenario de desventaja absoluta, la mandataria también tendrá que negociar el futuro de un tratado comercial desahuciado.

Gobernar se ha hecho un ejercicio por demás complejo. Tres cuartas partes del territorio mexicano están condicionadas por la violencia, la inseguridad, la corrupción, la complicidad y los escándalos alimentados por la nueva clase gobernante de la flamante cuarta transformación.

En un despropósito absoluto, los incondicionales de Andrés Manuel López Obrador se han confirmado como tal dejando intencionalmente sola a una mujer que hoy carga junto con unos cuantos, el destino de la nación y de sus 130 millones de habitantes.

Ya no resulta de ninguna manera sencillo realizar giras de trabajo en territorios donde sus autoridades están condicionadas por la sospecha, por investigaciones realizadas desde el extranjero o por la descarada protección que se ordena desde Palenque.

Por todo ello y en medio de todo este descompuesto escenario, Puebla le sienta bien a la presidenta.

En la angelópolis la mandataria ha encontrado el territorio que le permite hacer giras, reuniones y trabajo de campo tanto en la capital como al interior del estado donde su presencia es reconocida y hasta agradecida por los habitantes.

Puebla le sienta bien a la doctora porque si bien hay problemas de inseguridad estos no significan un riesgo para su integridad, porque sus eventos gozan de una nutrida asistencia que lejos de insultar, aplaude; porque no existe una oposición política que cuestione o que haga sentir su descontento por el rumbo del país.

Puebla le sienta bien a la mandataria porque sus programas se ejecutan, sus acciones se destacan, sus obras se resaltan de manera constante y su imagen es defendida de forma sistemática por un gobernador absolutamente claudista.

La décima gira se cumplió pues con objetivos alcanzados a plenitud y con una presidenta sonriente, tranquila, confiada y concentrada en sus encuentros con la gente, con las autoridades locales y hasta con empresarias y empresarios de la región.

Ya hay compromiso para volver a la inauguración del denominado puente de la transformación ubicado al sur de la capital poblana, y hoy está claro que su presencia no dependerá de su deseo por volver, sino de la complicada agenda que para entonces seguirá enfrentando la primera presidenta de México.

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