martes, marzo 17, 2026

Epicentro y cabeza fría

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La acusación es clara y demoledora: “México es el epicentro del
narcotráfico… los carteles están gobernando a México y eso no
podemos permitirlo, están muy cerca de nosotros y por eso debemos
erradicarlos”.


Esa es la esencia de los durísimos señalamientos contra el régimen
que gobierna a nuestro país, ese es el aviso más claro de que Donald
Trump no piensa pedir permiso a su congreso y tal vez tampoco se
sujete a las leyes internacionales que enmarcan el principio
fundamental de no intervención.


El decadente sistema político mexicano y su cuarta transformación
están en la mira del presidente más disruptivo y peligroso en la historia
moderna y contemporánea de los Estados Unidos.


Este 7 de marzo queda marcado en el calendario internacional como
una fecha en la que 12 países de centro y sudamérica han firmado el
pacto más importante en contra del narcotráfico continental y México
no está entre éstas naciones.


De hecho, lejos de ser invitado al “Escudo de las Américas”, México ha
sido señalado por su aliado histórico como el “epicentro de la
violencia”, es decir, el responsable ya no solo de lo que sucede dentro
del territorio nacional sino de todo el crimen y muerte que sacude al
continente.


La acusación es gravísima porque la desgastada imagen internacional
de México ahora tendrá que cargar con el peor estigma que haya
pesado sobre nuestro país en toda su historia como república.

En tan solo 7 años, México pasó de ser un país reconocido y respetado
en el mundo entero, a ser la nación promotora de la ilegalidad y de la
violencia que generan las organizaciones internacionales del crimen,
ese crimen que hoy tiene presencia en todo el planeta.


La acusación lanzada este fin de semana desde La Florida revienta
todas las expectativas sobre una “vecindad en vías de recomposición”
y echa por tierra todas las versiones oficiales del respeto y excelente
relación entre la Casa Blanca y Palacio Nacional.


En la óptica norteamericana, México ya no solo dejó de ser un aliado
estratégico para el hemisferio norte, hoy el territorio azteca ya tampoco
es confiable para los países de centro y sudamérica. 
Las críticas del presidente Nayib Bukele del Salvador sobre la narco
política mexicana hoy resuenan con más fuerza en el plano
internacional y ahora hasta la próxima presidenta de Costa Rica Laura
Fernandez señala a México como el ejemplo claro de lo que no quiere
para su país por ser un destino nefasto.
Es inevitable, las críticas de los países hermanos antes
incondicionales, comenzarán a escucharse como testimonio fiel e
incondicional de la nueva alianza con el gigante que en el pasado solo
los menospreció. 


Pero hay más, en la cumbre donde se formalizó el escudo de las
américas Donald Trump se animó a mofarse de la presidenta Claudia
Sheinbaum frente a esa docena de mandatarios regionales sometidos
por el entorno.


Empoderado por las circunstancias, el mandatario norteamericano
ridiculizó a la doctora Claudia Sheinbaum al imitar un tono de súplica
que según Trump ocurre en sus llamadas telefónicas: “President…
no,no,no, please president…”.


El insulto y la mofa a una figura presidencial y a una mujer, es el estilo de un buleador profesional como Trump y eso no puede ser ignorado;
aún así, la mandataria mexicana ha tenido que aguantar una vez más y
responder: “cabeza fría”.

Está claro que este es el precio que la mandataria tendrá que pagar
por defender de manera incondicional a su líder y mentor; también está
claro que México enfrentará una etapa crítica gracias a esa nefasta
política de los abrazos que durante el gobierno de López Obrador
terminó empoderando al crimen desde México.


Es inevitable, el trato ha cambiado, pero las circunstancias y la enorme
dependencia no. 
México y su gobierno federal de izquierda (muy mal visto por Trump y
ahora por sus aliados) tiene que revisar y sin duda, renegociar el
tratado comercial más importante del planeta con un socio que agrede,
ofende, menosprecia, desconfía y amenaza.


El panorama pinta muy mal para la cuarta transformación y para el país
que enfrenta desde ya, la peor crisis internacional de su historia como
nación libre y soberana. Los riesgos y amenazas disfrazadas de
salvación justiciera se posan de forma peligrosa sobre la viabilidad y el
futuro de millones de mexicanos.


La indefinición entre Washington y Palenque se torna ya, de muy alto
riesgo.

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