A meses del atroz crimen que conmocionó al norte de México, el caso de Leyla Monserrat, la adolescente de 15 años asesinada en septiembre de 2025, vuelve a generar una ola de indignación nacional tras filtrarse las sentencias dictadas contra las responsables: Britany y Montse, dos menores de edad que alguna vez fueron sus mejores amigas.
Carmen Becerra, madre de la víctima, ha alzado la voz este 4 de abril de 2026 para cuestionar un sistema de justicia que, a su juicio, protege a las agresoras por su condición de menores, ignorando la brutalidad del feminicidio.
Cronología de un crimen grabado
La tragedia comenzó el 25 de septiembre de 2025, cuando Leyla desapareció tras haber sufrido acoso escolar por parte de sus victimarias. Su cuerpo fue hallado una semana después, el 2 de octubre, enterrado en el patio de la casa de Britany.
Los detalles revelados por la Fiscalía de Sonora son escalofriantes y exhiben una saña inaudita:
El video del crimen: Las autoridades cuentan con una grabación donde las hoy sentenciadas capturaron el momento exacto en que le arrebataban la vida a Leyla.
Ocultamiento del cuerpo: Según el testimonio de la señora Becerra, las menores “descompusieron” el cuerpo de su hija, le vertieron cal para acelerar la degradación y lo ocultaron bajo tierra en un domicilio particular.
Ataúd sellado: Debido a las condiciones en las que fue recuperado el cadáver tras una semana de exposición a químicos y humedad, la madre no pudo ver a su hija por última vez, teniendo que sepultarla en un féretro sellado.
El factor del “Bullying” y la ruptura
Leyla, Britany y Montse mantuvieron una amistad estrecha por años hasta meses antes del asesinato. La ruptura de este lazo derivó en una campaña de hostigamiento contra Leyla. Carmen Becerra recordó que, tan solo un día antes de la desaparición, las ex amigas utilizaron una fotografía para humillar a la joven de 15 años, lo que habría sido el preludio del ataque final.
Una sentencia que no repara el daño
Aunque Britany y Montse fueron detenidas y procesadas bajo la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, las condenas —proporcionales a su edad al momento del delito— han sido calificadas como insuficientes por la familia Becerra.
“Aunque vayan a prisión, ¿eso paga lo que le hicieron? Me la entregaron de una forma que ni siquiera pude darle un último beso”, lamentó la madre, cuya lucha se ha convertido en un símbolo de la exigencia de reformas para juzgar delitos graves cometidos por menores con mayor severidad.
Este caso reabre el debate en México sobre la inimputabilidad parcial de los menores y la necesidad de protocolos de protección contra el acoso escolar que identifiquen conductas violentas antes de que escalen a tragedias irreparables como el feminicidio de Leyla Monserrat.





