Comprar ropa de segunda mano dejó de ser una práctica asociada únicamente a la necesidad económica o a ciertos estigmas sociales. Hoy en día, adquirir prendas usadas se ha convertido en una alternativa cada vez más popular entre personas de distintas edades que buscan opciones accesibles y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de la industria de la moda.
En este contexto ha crecido el interés por los bazares de ropa reutilizada, como Al’paca, un proyecto que se realiza en San Andrés Cholula y que fue creado por Montserrat Macip y Giovanna Orozco. Sus fundadoras explican que en los últimos años han visto cómo el consumo de ropa de paca ha dejado atrás muchos prejuicios y ahora atrae a un público mucho más diverso.
Actualmente, jóvenes, adultos, familias completas y niños acuden a estos espacios para encontrar prendas únicas a precios accesibles, que pueden ir desde los 10 o 20 pesos por pieza. Además del ahorro económico, muchas personas buscan opciones más sostenibles frente al modelo de consumo conocido como fast fashion, caracterizado por la producción acelerada de ropa.
Un espacio que reúne a cientos de vendedores
Las organizadoras del bazar señalan que el evento reúne cada mes a más de 200 vendedores en San Andrés Cholula, quienes ofrecen ropa previamente seleccionada, lavada y reacondicionada. Este proceso permite que las prendas tengan una segunda vida y lleguen en mejores condiciones a los compradores.
De acuerdo con Montserrat Macip, el perfil de quienes visitan el bazar es amplio y rompe con la idea de que solo ciertos sectores recurren a este tipo de consumo.
“Vienen de todo: jóvenes, adultos, familias completas y niños, hombres y mujeres. Es un espacio muy inclusivo donde cualquiera puede experimentar y encontrar algo que le guste”, explicó.
Jóvenes impulsan la normalización de la ropa usada
Las organizadoras consideran que las nuevas generaciones han sido clave para normalizar el uso de ropa de segunda mano. Movimientos sociales y ambientales que promueven la reutilización han influido en que cada vez más personas adopten esta práctica.
Aunque el intercambio de prendas y el reciclaje de ropa ya existían desde movimientos contraculturales de la década de 1960, en la actualidad han resurgido con fuerza debido a la preocupación por el cambio climático y el consumo excesivo.
Romper estigmas no fue fácil
Sin embargo, cambiar la percepción sobre la ropa usada no fue sencillo. Macip y Orozco recuerdan que, cuando iniciaron el proyecto hace aproximadamente tres años y medio, incluso sus propias familias veían con desconfianza la idea de vender ropa de segunda mano.
“Para nuestros papás era algo raro; existía la idea de que la ropa usada era sucia o negativa. Poco a poco quisimos darle un giro más divertido, limpio e inclusivo y demostrar que también se puede hacer algo positivo por el medio ambiente”, comentaron.
El proyecto surgió inicialmente de una necesidad personal: deshacerse de ropa acumulada. Antes de formalizar el bazar, las fundadoras intercambiaban prendas entre amigas, hasta que identificaron que muchas personas enfrentaban la misma situación y buscaban alternativas fuera de las grandes tiendas comerciales.
Beneficios ambientales y estilo único
Entre las ventajas de comprar ropa de segunda mano destaca la reducción del impacto ambiental de la industria textil, considerada una de las más contaminantes del mundo. Al reutilizar prendas ya existentes se evita la producción de nuevas piezas y se reduce el consumo de recursos.
Además, los compradores pueden crear estilos más originales al encontrar prendas de distintas épocas.
“Puedes encontrar ropa de diferentes décadas y crear looks que no todos tienen”, señalaron las organizadoras.
Comercio local y comunidad
Otro aspecto que distingue a estos bazares es la creación de comunidad. A diferencia de las compras en centros comerciales o grandes cadenas internacionales, estos espacios promueven el comercio local y el contacto directo entre vendedores y compradores.
“Aquí no le compras a una transnacional, sino a tus vecinos. Se hacen amistades y hay convivencia; eso es algo que no pasaría en Angelópolis Lifestyle Center”, comentaron.
Emprendimiento en la ropa de paca
Para Alma Martínez, vendedora de 28 años con cuatro años de experiencia en este tipo de comercio, el público también es diverso, aunque reconoce una fuerte presencia juvenil motivada por la conciencia ambiental.
“El tema del cambio climático ha motivado a muchas personas a reciclar ropa. Esto ya existía, pero ahora sigue creciendo gracias a las nuevas generaciones”, explicó.
Martínez decidió emprender en este sector por su interés en la moda y la posibilidad de generar ingresos propios. En su caso, realiza una curaduría de prendas: busca piezas entre grandes lotes de ropa, las lava, plancha y en ocasiones las repara antes de venderlas.
Aunque el estigma hacia la ropa usada ha disminuido considerablemente, todavía existen personas que la asocian con baja calidad o precios demasiado bajos. Ante ello, la vendedora invita a quienes aún dudan a acercarse y experimentar nuevas formas de consumo.
“Les diría que se atrevan a probar algo diferente y que se quiten la idea de que es ropa vieja o negativa. Hay piezas increíbles y es una forma de darle otra oportunidad a la ropa”, concluyó.





