Desde el Air Force One y rumbo a Pekín, el presidente Donald Trump adelantó que su prioridad número uno en la cumbre con su homólogo Xi Jinping será exigir una apertura comercial sin precedentes. A través de sus redes sociales y en declaraciones previas a su partida este 13 de mayo, el mandatario estadounidense calificó a Xi como un “líder de extraordinaria distinción” y aseguró que su propuesta busca permitir que el “talento estadounidense” ayude a elevar el nivel de la nación asiática.
La visita, programada del 13 al 15 de mayo de 2026, ocurre en un contexto de alta presión económica y política:
Delegación de “pesos pesados”: Trump no viaja solo; lo acompaña un selecto grupo de ejecutivos que incluye a Elon Musk (Tesla/X), Jane Fraser (Citigroup), Tim Cook (Apple) y Larry Fink (BlackRock). El objetivo es concretar acuerdos de inversión y compra directa que beneficien a la industria norteamericana.
Contexto de guerra: La gira se produce mientras la administración Trump lidia con las repercusiones económicas de la guerra con Irán, conflicto que ha disparado la inflación y ha puesto la seguridad energética en el centro de la agenda bilateral.
Estabilidad y aranceles: Mientras Trump busca que Pekín flexibilice el acceso a su mercado, el gobierno chino ha pedido “estabilidad” en las relaciones internacionales. Se espera que en la mesa de negociación también figuren temas sensibles como las restricciones a la exportación de semiconductores y el estatus de Taiwán.
Este encuentro marca la primera visita de un presidente de Estados Unidos a China en casi una década, y Trump ha dejado claro que su meta es regresar con éxitos económicos tangibles que refuercen su política de “América Primero” frente a la interdependencia con el gigante asiático.





