Los inversores han activado el botón de pánico ante la posible entrada en recesión de la economía de Estados Unidos, lo que ha provocado una sesión de fuertes pérdidas en los mercados bursátiles de todo el mundo. En España, el Ibex 35, principal índice de la Bolsa, ha llegado a caer un 3% y se deja en torno al 2,8% tras la apertura de Estados Unidos, donde el Nasdaq Composite ha abierto con una caída del 6,2% y el S&P 500 retrocede un 4%. El detonante de estas caídas ha sido el histórico desplome de la Bolsa japonesa: el índice Nikkei se ha hundido un 12,4% en su peor jornada desde 1987.
El origen de los miedos se activó el pasado viernes con la publicación de un débil dato de empleo en EE.UU. En julio, el país creó 114.000 puestos de trabajo, por debajo de los 175.000 esperados, y la tasa de paro aumentó dos décimas, hasta el 4,3%. Estas cifras han enfriado las expectativas de los inversores, quienes confiaban en que la economía estadounidense podría soportar los altos tipos de interés sin entrar en recesión. Ahora temen que la decisión de la Reserva Federal de mantener las tasas de interés hasta septiembre, como sugirió su presidente Jerome Powell, agrave el enfriamiento económico.
Las caídas también se ven exacerbadas por las altas valoraciones de las grandes empresas tecnológicas que han liderado las alzas de Wall Street. Las denominadas siete magníficas -Nvidia, Alphabet, Microsoft, Apple, Meta, Amazon y Tesla- han encabezado el rally en 2023, impulsadas por el furor de la inteligencia artificial. Sin embargo, los elevados niveles a los que cotizan han generado dudas, especialmente cuando algunos resultados no han cumplido con las expectativas. Desde UBS explican que “el viento de cola de la IA ha comenzado a flaquear a medida que los inversores pierden la paciencia en los plazos de monetización de las inversiones”. Aun así, consideran que “no hay indicios de que las empresas se estén echando atrás en sus planes de inversión” y señalan que los inversores están rotando sus carteras hacia valores defensivos.
El exceso de confianza en la fortaleza de la economía estadounidense y el optimismo tecnológico han mantenido el índice del miedo, el VIX, en niveles históricamente bajos. Esta mañana de lunes se ha disparado hasta 35 puntos, un nivel no visto desde la pandemia de 2020.
Los estrategas de Citi reconocen que en las últimas semanas “habíamos observado un aumento de los riesgos de un aterrizaje brusco, ya que nuestros economistas creían que la regla de Sahm [teoría que predice una recesión cuando la tasa de desempleo promedio de EE.UU. de los últimos tres meses supera en 0,5 puntos porcentuales a su mínimo de los últimos 12 meses] podría activarse pronto. En este caso, deberíamos habernos preocupado menos por las elecciones y más por los crecientes riesgos de un aterrizaje forzoso, lo que implica que deberíamos haber reducido aún más el riesgo de renta variable”.
Dario Messi, responsable de investigación de renta fija de Julius Baer, comenta: “Nuestra hipótesis de trabajo sigue siendo la de un crecimiento más lento pero sólido en la segunda mitad del año, con un riesgo limitado de recesión en los próximos 12 meses. Aunque el mercado de renta variable lleva ya algún tiempo mostrando nerviosismo, no fue hasta la semana pasada cuando el mercado de renta fija mostró movimientos decisivos”.
El cambio de sentimiento ha llegado en agosto, un mes en el que disminuyen significativamente los niveles de negociación en las Bolsas, lo que facilita grandes oscilaciones con menos dinero en movimiento. La fuerte caída de la Bolsa japonesa se debe a la subida del yen en las últimas jornadas, después de que el Banco de Japón aumentara los tipos de interés el pasado 31 de julio. El alza de la divisa, que ha ganado un 13% contra el dólar, ha castigado a los inversores que se endeudaban en yenes para invertir en activos de Europa y Estados Unidos, aprovechando el diferencial de tipos de interés. Las pérdidas en esta estrategia, denominada carry trade, han obligado a estos grandes inversores a reducir sus posiciones de riesgo, arrastrando en su caída a los inversores minoristas nipones y despertando los fantasmas de una gran tormenta financiera en el resto del mundo. El yen, de hecho, marca hoy una caída de más del 2,5%.
Estos temores están provocando cambios en las expectativas económicas: ha aumentado la probabilidad de que la Fed se vea obligada a realizar un recorte de tasas mayor de lo previsto en septiembre. Las firmas de análisis estiman que, de mantenerse la debilidad del mercado laboral en EE.UU. en agosto, la Fed podría acelerar las rebajas de tipos para evitar la recesión. En solo unos días, el consenso de los analistas ha pasado de prever dos recortes de 25 puntos básicos en 2024 a calcular incluso tres descensos de 50 puntos básicos cada uno en septiembre, noviembre y diciembre. Sin embargo, bancos como Goldman Sachs consideran que la debilidad del empleo en julio podría corregirse en agosto, manteniendo como escenario principal una rebaja de tipos de 25 puntos básicos en septiembre.
Paralelamente, el dinero está huyendo de la renta variable hacia la deuda. La rentabilidad de los bonos de EE.UU. a diez años, que se mueve de forma inversa a su precio, cotiza ya en el 3,7%, niveles no vistos desde mayo de 2023. Las caídas en las Bolsas se suman a la corrección de los criptoactivos. El bitcoin cotiza por debajo de los 49.000 dólares y acumula una caída del 10% en la jornada, mientras que el ether cae otro 15%. Ante la expectativa de recortes de tasas en septiembre, el dinero está saliendo de activos de mayor riesgo -como las criptomonedas y la Bolsa- y entrando en bonos y fondos monetarios.






