En entrevista con Iván Mercado para el programa Contrastes, Umi Choda Morales, directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral (CEPOSAMI), aseguró que este organismo representa un modelo único en el país en materia de atención pública a la salud mental, al brindar servicios integrales a población abierta, particularmente a niñas, niños y adolescentes. Destacó que, tras una revisión a nivel nacional, no se encontró otro esfuerzo institucional similar que concentre en un solo espacio múltiples especialidades enfocadas en el bienestar emocional.
La especialista explicó que la creación de este centro surge ante una necesidad evidente en Puebla, entidad con una población aproximada de 6.5 millones de habitantes y una edad promedio de 28 años, lo que la convierte en un estado con una base demográfica joven. En este contexto, se ha detectado un incremento en los casos de ansiedad, depresión y trastornos mixtos en menores, así como un aumento en condiciones del neurodesarrollo en edades tempranas.
Señaló que, si bien estas problemáticas podrían haber existido previamente, hoy se reportan con mayor frecuencia, lo que obliga a las instituciones a responder con modelos más especializados.
Choda Morales detalló que el CEPOSAMI fue diseñado desde cero con base en un análisis de modelos internacionales y en las condiciones específicas de la población poblana. Este proyecto, indicó, responde también a la inquietud social detectada durante recorridos en territorio por parte de autoridades estatales, quienes identificaron la preocupación de las familias por la salud emocional de sus hijos. A partir de ello, se convocó a especialistas para construir un esquema de atención innovador y adaptado al contexto local.
Uno de los principales diferenciadores del centro, explicó, es su enfoque interdisciplinario y multidisciplinario. A diferencia de otros servicios, donde la atención suele fragmentarse, el CEPOSAMI integra en un mismo espacio a profesionales de distintas áreas como psiquiatría, psicología, neuropsicología, endocrinología, nutrición y medicina general.
Esto permite abordar la salud mental desde una perspectiva integral, considerando no solo el aspecto emocional, sino también factores biológicos, hormonales y sociales que influyen directamente en el comportamiento y bienestar de los pacientes.
La directora enfatizó que el proceso de atención inicia con evaluaciones profundas para identificar la sintomatología y determinar qué especialistas deben intervenir. A partir de ello, se generan interconsultas y se diseñan tratamientos personalizados. En muchos casos, explicó, los síntomas emocionales tienen origen en desbalances hormonales o condiciones médicas, como el síndrome de ovario poliquístico en adolescentes, que puede afectar el estado de ánimo, la energía y la motivación. “Si no se atiende la raíz, el tratamiento se queda en la superficie”, advirtió.
Asimismo, señaló que entre los principales padecimientos detectados en menores se encuentran la ansiedad y la depresión, los cuales forman parte de un mismo espectro y comparten procesos bioquímicos relacionados con neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Este último, explicó, también está vinculado con trastornos como el déficit de atención, donde existe una búsqueda constante de estímulos debido a la falta de este químico en el cerebro.
Finalmente, Umi Choda advirtió que las nuevas generaciones enfrentan un entorno mucho más complejo que el de décadas anteriores, caracterizado por la sobreexposición a redes sociales, información no verificada y contenidos violentos. Esto, sumado a contextos de incertidumbre, impacta directamente en el desarrollo del cerebro, el cual continúa su maduración hasta los 22 o 25 años.
En ese sentido, subrayó la importancia de acompañar a los menores con atención profesional oportuna y fortalecer políticas públicas que garanticen su bienestar emocional, destacando al CEPOSAMI como un referente nacional en esta materia.





