La escalada de tensiones tras la agresión de Washington contra Teherán ha comenzado a generar ondas de choque en la economía estadounidense, afectando directamente al sector de la vivienda en plena temporada primaveral. A pesar de ser tradicionalmente la época de mayor dinamismo para el mercado inmobiliario, las ventas de inmuebles han registrado una caída notable debido a la combinación de precios récord y tasas hipotecarias que se resisten a bajar.
Esta incertidumbre ha minado las expectativas de los consumidores, al punto que actualmente solo una cuarta parte de las personas que no poseen una propiedad planea adquirir una en los próximos cinco años. El conflicto ha impulsado el encarecimiento del petróleo, lo que a su vez presiona la inflación al alza y eleva drásticamente los costos de los materiales de construcción.
El debilitamiento de la confianza entre compradores y desarrolladores está provocando una severa desaceleración económica en la nación norteamericana. Los expertos señalan que el mercado se encuentra en un punto crítico donde el costo de la vida y el financiamiento inalcanzable están cerrando la puerta al sueño de la vivienda propia para millones de ciudadanos.





