La trascendencia se alcanza cuando nuestro paso por la vida queda marcado por el amor, el respeto, el reconocimiento y los recuerdos memorables sembrados al paso de los años, memorias que no se quieren olvidar por la felicidad que significa volver a rememorarlas.
Ese es justo el escenario que comenzará a crearse tras la partida de Don José Hanan Badri, un poblano de corazón que marcó su paso por esta vida con actos de amistad sincera, de congruencia plena, de firmeza ejemplar y de profundo amor por su esposa, sus hijos y toda su familia.
Don Pepe fue un hombre honorable, consistente y disciplinado, divertido y ocurrente, pero al mismo tiempo dueño de ese respeto incondicional que alcanzan quienes logran vivir predicando con el ejemplo.
Su amor primero siempre estuvo radicado en la familia y es que desde niño tuvo que enfrentar la ausencia de un padre que por azares del destino partió muy joven. En la adolescencia José Hanan Badri comenzó a enfrentar la vida junto con su compañero y cómplice incondicional, su hermano mayor Elías Hanan.
Juntos sacaron adelante la empresa textil fundada por su progenitor, un hombre de intenso trabajo que antes de morir tuvo la oportunidad de enseñar a sus tres hijos el valor de la responsabilidad y el esfuerzo.
Elías, José y Lolita heredaron el amor al trabajo incansable que por siglos ha caracterizado a los libaneses, sin embargo, desde muy joven Don Pepe desarrolló un instinto protector por los suyos.
El amor por su familia nuclear lo hizo ser un celoso guardián de su hogar y en particular, un maestro inagotable dedicado a la formación estricta de sus hijos José, Willie y Sonia.
Apasionado de los deportes y en particular del béisbol, Don Pepe supo disfrutar de la vida; en su rancho “El Capricho” vivió intensamente su afición por los toros y la crianza de otras especies.
Quienes lo recuerdan con cariño y respeto, no olvidan ese particular sentido de pertenencia a su oficina; me aseguran los más cercanos que ese era su espacio personal, su segundo hogar, donde podía pasar horas interminables tomando decisiones empresariales, analizando escenarios políticos de Puebla y de México y, sobre todo, conviviendo con los que él consideraba como los suyos, los de confianza.
En lo particular, la última vez que tuve la oportunidad de hablar con Don José fue a través de una llamada telefónica; lo escuché pausado pero firme en sus palabras, me dio personalmente la bienvenida a su familia empresarial y me confió que gustaba de escucharme por las tardes a través de un pequeño radio que tenía en su buró.
Me sentí honrado y conmovido.
Sus palabras y su trato siempre generoso y atento los guardo celosamente en ese selecto banco de recuerdos y memorias donde deben estar las vivencias y las personas que trascienden por enseñar el don de la honorabilidad.
Don Pepe vivió intensamente su existencia en este plano material y supo dar a cada cosa su tiempo y su lugar, de eso no cabe la menor duda.
Donde quiera que se encuentre, nuestro amigo debe sentirse tranquilo y satisfecho de la vida y obra alcanzada junto a la señora Sonia, su amada esposa y compañera de vida.
Pepe, Willie y Sonia son orgullosos herederos de un legado de vida familiar, de valores, de principios, pero sobre todo, de formas justas y correctas.
Para ellos, para toda su familia y amigos, mi cariño, respeto y solidaridad.
Para Don Pepe, mi gratitud y admiración





