Originalmente, el proceso electoral para elegir gobernador y alcaldes en el estado de Puebla ya mostraba una inclinación en preferencias hacia la coalición encabezada por Morena. Sin embargo, el intercambio de ideas, propuestas y cuestionamientos durante el debate dio un nuevo impulso a la campaña del candidato Rivera, quien se sintió vencedor de ese encuentro y con posibilidades en la última etapa de las contiendas.
Pero como suele ocurrir, la falta de concentración o el exceso de confianza provocados por los aduladores que siempre rodean a los candidatos, llevaron a una desafortunada y despectiva expresión por parte del candidato de la coalición PRI, PAN y PRD hacia los simpatizantes e integrantes de la campaña opuesta.
Llamarlos “morenacos” fue un error político que frenó el impulso ganado por su buen desempeño en el debate. El candidato Rivera nunca debió incurrir en un discurso discriminatorio, algo que tanto critica al presidente López Obrador.
La expresión utilizada para etiquetar a una corriente ideológica que gobierna el 70% del territorio nacional se extrapoló a una sociedad que, por convicción o interés, simpatiza con un movimiento que, desde el poder, entiende perfectamente cómo funciona la teoría del 10% de eficiencia y 90% de lealtad.
Como era de esperarse, el equipo del candidato Alejandro Armenta capitalizó rápidamente esta pifia. Armenta se subió a la ola de oportunidad para afirmar con orgullo su origen mixteco, reconocerse como “morenaco” y descalificar el discurso racista de su oponente.
Horas después, Eduardo Rivera ofreció una disculpa a las personas que se sintieron ofendidas por el calificativo. Sin embargo, y a pesar del intento por contener los daños, el agravio alcanzó incluso a muchos que no son simpatizantes de Morena, ya que Eduardo no había mostrado ese tono ni esa proyección anteriormente.
Ayer, representantes de comunidades y pueblos indígenas aparecieron para manifestar su inconformidad por la expresión despectiva y, de paso, explicar la etimología de la palabra “naco” y el significado del término “Totonaco”, que en su lengua originaria, el náhuatl, significa “tres corazones”.
A solo 13 días de las elecciones, el término despectivo utilizado por el candidato a gobernador resultó ser desafortunado, innecesario y, sobre todo, contradictorio a la imagen que ha intentado construir en los últimos años.
Marea rosa poblana
Ayer se vio una expresión ciudadana copiosa: una concentración de hombres y mujeres adultos y de la tercera edad, ataviados con prendas rosas, que marcharon desde el Paseo Bravo hasta el zócalo de la ciudad para expresar su apoyo a Xóchitl, a Eduardo y a Mario, quien busca ser alcalde de la capital.
Los colectivos que inicialmente convocaban por la defensa de la democracia y del INE, ahora lo hicieron para mostrar su fuerza y simpatía hacia los candidatos de la oposición de cara a las próximas elecciones del 2 de junio.
Indiscutiblemente, quienes asistieron lo hicieron por voluntad propia, por convicción y, según pude escuchar, hasta por temor a un futuro más violento e incierto para sus hijos y nietos. El dilema es que esa voluntad y reflexión solo fue representada por padres y abuelos, ya que los jóvenes no se presentaron.
La gran interrogante en torno a este gran movimiento social es: ¿cuánta legitimidad tendrá la “marea rosa” después de los resultados del próximo 2 de junio, sin importar quién gane o pierda?
Lo alcanzado de manera ciudadana tras seis años de descalificaciones y polarización presidencial corre el riesgo de diluirse si no se establece con claridad el propósito de un movimiento legítimo que, desde su origen, buscó la defensa de la democracia, las instituciones y el estado de derecho.
El crecimiento y madurez de la ciudadanía no consisten solo en marchar y expresar públicamente el rechazo a un sistema o gobierno. Hoy más que nunca, los mexicanos debemos comprender el momento histórico que atravesamos como nación y por qué surgió este movimiento rosa. De otra manera, las causas que le dieron vida pueden ser arrebatadas por la eterna voracidad de la clase política.
México y sus ciudadanos tienen derecho a crecer como sociedad, ¿habrá llegado nuestro momento?
Con información de: El Sol de Puebla





