Por Iván Mercado.
México se perfila al cierre de otro año con una sociedad más dividida y un pueblo más balcanizado por la creciente descomposición que se manifiesta en todos y cada uno de los territorio que componen esta nación.
La incertidumbre se apodera de todos los pronósticos para los tiempos presentes y futuros, en todos los niveles y en todos los sectores donde el esfuerzo es el camino para crecer.
La volatilidad se impone a cada momento en todos los ámbitos de la vida pública de una sociedad sometida a una confrontación sistemática y eficaz para el oficialismo.
La ambigüedad o confusión social crece a través de una retórica mentirosa que repite una y otra y otra vez que México está mejor que nunca, pero en realidad, el país va en caída libre.
La complejidad se multiplica ante una batería de escenarios sociales, económicos y políticos que no dan tregua ni solución.
Esta realidad mexicana encuadra de manera casi perfecta al sentido que se le dio al acrónimo v.u.c.a. durante la primera década de este siglo XXI, cuando se trataba de explicar un escenario plagado de inconsistencias y retos muy difíciles de resolver.
Durante la intervención armada de los Estados Unidos al territorio de Afganistán a finales del siglo pasado, la escuela de guerra del ejercito norteamericano y los mandos militares apostados en esa agreste región del mundo, desarrollaron el acrónimo VUCA para definir y transmitir a sus superiores el escenario al que las tropas norteamericanas se estaban enfrentando, una guerra en un territorio volátil, incierto, complejo y ambiguo.
El acrónimo trascendió aquellos enfrentamientos, incluida el fin de la guerra fría y este comenzó a ser utilizado en diferentes circunstancias de estrategia empresarial y vida política para identificar situaciones de alta incertidumbre y riesgo.
Hoy, ese mismo VUCA ( volatility, uncertainty, complex, ambiguous ) se puede aplicar para un territorio como el mexicano que enfrenta ya una guerra donde la violencia programada, la delincuencia protegida, la corrupción solapada y la complicidad obligada van ganando y por mucho.
Por ello y ante la incertidumbre, la complejidad, la ambigüedad y la complejidad que enfrentamos como mexicanos, no debe haber cabida a la complacencia incondicional, a la conveniencia mediocre, al conformismo barato.
Es tiempo de cuestionar a las autoridades con absoluta seriedad y exigir respuestas con verdades completas, pero sobre todo, exigirles una conducta basada en un patriotismo sin precedentes.
Ni ellos como autoridad ni nosotros como sociedad, tenemos tiempo para la simulación.
México está en alto riesgo.





