FLORHAM PARK, N.J. — La madrugada del 10 de septiembre, mientras el avión de los New York Jets regresaba al este tras su derrota en el “Monday Night Football” contra los 49ers (32-19), los entrenadores hablaban esperanzados sobre la temporada que tenían por delante. A pesar de la humillación inicial, el optimismo seguía alto a 40,000 pies de altitud.
“Recuerdo que alguien repetía: ‘Cuando lleguemos a 2-1, tengan cuidado’”, evocó el entrenador interino Jeff Ulbrich.
Los Jets lograron ese 2-1 con victorias sobre los Titans y Patriots, pero lo que parecía el inicio de algo especial terminó en desastre. Perdieron 11 de los siguientes 14 juegos, cerrando una temporada decepcionante con un récord de 5-12, a pesar de tener un plantel que, según el propietario Woody Johnson, era el mejor en 25 años.
Con Aaron Rodgers como mariscal de campo y nombres estelares como Davante Adams y Tyron Smith, los Jets soñaban con el campeonato. Pero lo que siguió fue una serie de errores que desafiaron la lógica: perdieron seis partidos después de liderar en el último cuarto, cometieron 137 penalizaciones —la cifra más alta de la liga— y fueron derrotados en seis juegos donde eran favoritos.
Un cambio inesperado de timón
La temporada se tornó caótica con el despido de Robert Saleh tras un inicio de 2-3. Ulbrich asumió como entrenador interino, pero la decisión creó incertidumbre dentro del equipo. Según jugadores, la salida de Saleh quebró los cimientos y desató una atmósfera de confusión.
“Es difícil ganar cuando sabes que tu entrenador y gerente general podrían ser despedidos”, comentó el corredor Breece Hall.
Aunque Ulbrich era querido como coordinador defensivo, su falta de experiencia como entrenador principal complicó la dinámica del equipo. Su doble rol como estratega principal y coordinador defensivo lo sobrecargó. Admitió que se distrajo ajustando la defensa durante los juegos, dejando desatendida la ofensiva, algo que se reflejó en la derrota 40-0 contra los Bills en la Semana 17.
Errores y frustración
Los Jets sufrieron problemas de disciplina y cohesión. Sus 137 penalizaciones superaron incluso los peores registros del equipo en décadas, y aunque contaban con Rodgers, quien logró 28 touchdowns y estableció un récord de franquicia, no pudieron traducir su talento en victorias.
El equipo también enfrentó problemas de gestión: corredores como Breece Hall quedaron subutilizados, y la ofensiva priorizó pases para que Rodgers alcanzara hitos personales, según rumores dentro del vestidor.
Una defensa debilitada
Lesiones clave, como la del linebacker C.J. Mosley y el tackle Tyron Smith, expusieron la fragilidad del equipo. La ausencia de Mosley impactó directamente la defensa, que cayó al puesto 17 en eficiencia tras haber sido la tercera mejor en 2023.
La situación de Haason Reddick, adquirido como cazamariscales estrella, también dejó mucho que desear. Su huelga contractual y falta de impacto en el campo fueron un reflejo de las fallas en la gestión del equipo.
Un futuro incierto
Con el despido de Saleh y el gerente general Joe Douglas, los Jets ahora buscarán un nuevo liderazgo. La cultura del equipo necesita un cambio profundo para romper su sequía de 14 años sin playoffs.
“Una cultura ganadora no se trata solo de talento, sino de compromiso y responsabilidad”, señaló Davante Adams.
Los Jets tienen las piezas, pero el desafío radica en unirlas bajo un liderazgo que recupere el rumbo y transforme el potencial en resultados concretos.





