En un cambio significativo a su política familiar, China anunció que aplicará un impuesto del 13% a los condones y otros métodos anticonceptivos a partir de enero de 2026. La medida pone fin a una exención fiscal que estuvo vigente durante más de tres décadas y forma parte de una estrategia para incentivar los nacimientos en un país que registra su tercer año consecutivo de declive demográfico.
La nueva Ley del Impuesto al Valor Agregado (IVA), aprobada por el Parlamento chino, elimina el beneficio fiscal instaurado en 1993, cuando el gobierno promovía activamente el control natal bajo la política del hijo único. En contraste, el nuevo paquete fiscal introduce exenciones para servicios de cuidado infantil, centros para personas mayores, asistencia a personas con discapacidad y actividades vinculadas al matrimonio, con el objetivo de reducir los costos asociados a la formación de una familia.
El panorama demográfico es crítico: en 2024, el país registró apenas 9.54 millones de nacimientos, muy por debajo de los 18.8 millones que se registraban una década atrás, incluso después de haber abandonado la política del hijo único en 2015. La tasa de fertilidad cayó a 1.09 hijos por mujer, muy lejos del nivel de reemplazo poblacional de 2.1, lo que incrementa las presiones económicas y acelera el envejecimiento de la población.
En los últimos años, China ha puesto en marcha políticas pronatalistas como subsidios, ampliación de licencias de maternidad y paternidad, y lineamientos para limitar los abortos no esenciales. Sin embargo, el alto costo de la crianza —estimado en 538 mil yuanes (unos 76 mil dólares) por hijo hasta los 18 años, según el Instituto YuWa— continúa siendo un gran obstáculo para las nuevas generaciones, que enfrentan una economía incierta y priorizan su desarrollo personal y profesional.
Para el demógrafo He Yafu, del Instituto YuWa, la eliminación de la exención fiscal a los anticonceptivos tiene un efecto más simbólico que práctico, pues considera poco probable que genere cambios significativos en las decisiones reproductivas. Más bien, señala, la medida refleja un esfuerzo por crear un entorno social que favorezca los nacimientos y reduzca la práctica de abortos.
El anuncio ha encendido el debate en redes sociales, donde los usuarios advierten posibles riesgos para la salud pública. En China, los casos de VIH han aumentado de 0.37 por cada 100 mil habitantes en 2002 a 8.41 en 2021, un incremento asociado al uso inconsistente de protección sexual, la falta de educación sexual y el estigma social.
Expertos internacionales califican este giro como una ironía histórica, al pasar de políticas coercitivas —que incluyeron abortos y esterilizaciones forzadas— a incentivos más suaves, aunque ponen en duda su eficacia sin reformas estructurales en vivienda, empleo y equidad de género.
Mientras tanto, el gobierno asegura que se trata de pasos necesarios para construir una sociedad más favorable a la vida familiar, aunque el escepticismo persiste entre una juventud que hoy prioriza la estabilidad económica antes que formar una familia.






