Comunidad internacional en vilo: Reacciones globales tras el ataque de EE. UU. e Israel contra Irán
El panorama geopolítico mundial ha sufrido una sacudida este sábado 28 de febrero de 2026, luego de confirmarse la ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní. La acción, descrita por Teherán como una “agresión aérea del régimen sionista”, ha fracturado las posturas de las potencias globales entre el respaldo estratégico, la condena por la violación de la soberanía y un llamado desesperado a la moderación para evitar una “catástrofe” regional de dimensiones incalculables.
Posturas de condena y confrontación
Irán, a través de su cancillería, prometió una respuesta “con firmeza”, mientras que Rusia calificó el ataque como una “peligrosa aventura” destinada a destruir el orden constitucional de un Estado soberano. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvédev, fue más allá al señalar que las negociaciones previas no fueron más que una “operación de encubrimiento”. En Europa, países como España rechazaron la acción unilateral, advirtiendo que este movimiento contribuye a un orden internacional más hostil y peligroso.
El bloque del respaldo y la seguridad nuclear
En contraste, naciones como Australia manifestaron su apoyo a la intervención, argumentando que el programa nuclear iraní representa una amenaza real para la paz mundial que debía ser frenada. Por su parte, la Unión Europea, bajo la voz de Ursula von der Leyen y António Costa, mantuvo una postura institucional de cautela, instando a todas las partes a proteger a la población civil y, sobre todo, a garantizar la seguridad nuclear para prevenir que el conflicto socave el régimen de no proliferación global.
Inquietud logística y económica
La preocupación por una escalada que arrastre a países vecinos es latente. Líbano ha declarado que no permitirá ser “arrastrado” a este conflicto, mientras que potencias como Francia, Reino Unido y Corea del Sur han establecido como prioridad absoluta la protección y evacuación de sus ciudadanos en la zona. Finalmente, la Unión Africana advirtió sobre las repercusiones económicas globales, señalando que una guerra prolongada desestabilizaría los mercados energéticos y la seguridad alimentaria, impactando con mayor severidad a las economías en desarrollo.





