“Dentro de 20 años te arrepentirás de todas las cosas que no te atreviste a hacer ahora, así que suelta la amarras y navega fuera de tu zona de confort, busca el viento en tus velas. Sal, explora, sueña y descúbrete a ti mismo…” -Mark Twain-.
En mis 32 años de experiencia en este extraordinario y cada vez más difícil oficio de informar a la sociedad desde los medios de comunicación, siempre he buscado hacerlo con la mayor seriedad, responsabilidad y compromiso posibles (mis niveles de ansiedad y estrés son facturas que dan fácil testimonio de ello).
La vida, mis anhelos y mis enormes deseos de trabajar con los mejores, me han llevado a colaborar en esta enorme responsabilidad, con grandes maestros, excelentes empresas y extraordinarios compañeros y compañeras.
Casi siempre de todo lo que he vivido a lo largo de tres décadas, he intentado quedarme con el mayor aprendizaje posible de quienes me han dado la oportunidad de trabajar a su lado.
Recuerdo que mi gran mentor, Don José Gutiérrez Vivó me dijo durante una comida en Puerto Madero, Buenos Aires:
“Iván veo en ti mucho potencial, mucho entusiasmo por aprender y crecer, pero para alcanzar un lugar importante en este oficio debes entender cuál es tu objetivo primario y nunca olvidar tu responsabilidad al estar frente a un micrófono… Eso marcará la diferencia en tu trayectoria, en tu credibilidad y en la memoria del auditorio que vayas construyendo al paso de los años, nunca olvides que informar casi cualquiera puede hacerlo, pero comunicar y conectar con la audiencia es un privilegio que pocos alcanzan…”
Desde esa charla, decidí escalar esa “cima” y por ende, busqué no solo sentarme a hablar y hablar y hablar; me esforcé por pensar en cómo debía dirigirme al auditorio, en como conectar con sus opiniones, emociones, sentimientos, inconformidades e ideas, vamos, en cómo estar en la misma sintonía.
Hoy, lo sigo intentando, tal vez no con la misma energía de mis 30, pero sí con la convicción y la madurez de mis 52.
Muchos han sido los episodios, muchas las anécdotas, muchos y muy generosos los compañeros y compañeras que me ayudaron, otros que me hicieron un camino más difícil y otros más que tuvieron que aguantar mis frecuentes arranques de perfeccionismo, exigencia e inmadurez.
El camino de esta compleja labor me ha dado también la oportunidad de conocer a empresarios y concesionarios que por poco o mucho tiempo, han confiado en mi compromiso y convicción por hacer de la comunicación un ejercicio digno y profesional.
Y qué decir de mis interesantísimos amigos y colaboradores locales, nacionales e internacionales, muchas de ellas y ellos brillantes maestros que me han permitido aprender y crecer gracias a su conocimiento compartido.
La obligada clase política que siempre fue compleja y que hoy es simplemente inverosímil, a pesar de sus pasiones y nuestras férreas discusiones al aire, todas y todos, siempre han sido atentos e inteligentes, siempre conscientes de su papel en un medio de comunicación serio y responsable.





