miércoles, mayo 27, 2026

Muere Béla Tarr, referente del cine húngaro y maestro del plano secuencia

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El reconocido cineasta húngaro Béla Tarr, célebre por su estilo contemplativo, sus extensos planos secuencia y sus películas en blanco y negro de larga duración, falleció a los 70 años tras enfrentar una prolongada enfermedad.

La noticia fue confirmada por la agencia MTI, que citó un mensaje del director Bence Fliegauf en representación de la familia. Posteriormente, Réka Gáborjani, hijastra del realizador, declaró al The New York Times que Tarr padeció durante años diversos problemas de salud de gravedad.

Considerado una de las figuras más influyentes del cine europeo contemporáneo, Béla Tarr es recordado principalmente por Sátántangó (1994), una obra de siete horas que retrata la descomposición social, material y espiritual tras la caída del comunismo en Europa del Este. La película está basada en la novela homónima del escritor y Premio Nobel de Literatura László Krasznahorkai, con quien Tarr mantuvo una estrecha y constante colaboración creativa.

“Con profunda tristeza anunciamos que el director Béla Tarr falleció esta mañana tras una larga y grave enfermedad”, señaló la Asociación de Cineastas Húngaros en un comunicado oficial. A su vez, el alcalde de Budapest lo describió como “el hombre más libre” que conoció, destacando su compromiso con la dignidad humana como eje central de su obra.

Béla Tarr nació el 21 de julio de 1955 en Pécs, ciudad universitaria del suroeste de Hungría. A los 16 años filmó su primera obra amateur, centrada en la vida de trabajadores gitanos. Creció bajo el régimen comunista, experiencia que marcó profundamente su visión crítica y su mirada cinematográfica durante la transición democrática del país.

En 1977 debutó con su primer largometraje, Nido familiar, realizado con el respaldo del estudio experimental Béla Balázs, en Budapest, donde se formó como director. Su compañera de vida, Ágnes Hranitzky, fue una colaboradora clave, especialmente en la edición de sus películas.

Entre sus trabajos más destacados se encuentran La condena (1988), considerado el primer largometraje independiente húngaro y presentado en el Festival de Berlín; Macbeth (1982); y Armonías de Werckmeister (2000), exhibida en el Festival de Cannes. Su estilo le valió el apodo de “el Tarkovski húngaro”, en referencia al cineasta ruso Andréi Tarkovski.

Tras estrenar El caballo de Turín en 2011, Béla Tarr anunció su retiro del cine. Posteriormente dirigió únicamente dos cortometrajes y se dedicó a la docencia en Hungría, Alemania y Francia.

Críticos del New York Times destacaron su capacidad para “encontrar belleza en lo miserable y cotidiano”, una sensibilidad profundamente ligada al contexto social y político en el que se formó. Su obra también influyó en una corriente cinematográfica que otorga un papel central a la naturaleza y a los animales, tendencia que se vio reforzada tras El caballo de Turín y que inspiró filmes posteriores como EO y Cow.

Con su muerte, el cine pierde a una voz única, radical y profundamente humana, cuya obra seguirá desafiando al espectador y marcando generaciones de cineastas.

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