La Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos ha mantenido una presencia constante en México desde 1934, de acuerdo con un recuento histórico basado en documentos desclasificados por los Archivos Nacionales estadounidenses. La información revela que la agencia no solo ha realizado labores de vigilancia sobre figuras clave de la política mexicana, sino que también ha mantenido redes de colaboración estrecha con altos funcionarios y expresidentes.
Entre los casos más destacados de espionaje se encuentra la operación LIENVOY, activa desde 1962, la cual mantenía bajo vigilancia a líderes de izquierda y organizaciones comunistas. Figuras como el expresidente Lázaro Cárdenas fueron catalogadas por la agencia como “pro-comunistas” y “anti-estadounidenses”, mientras que el muralista David Alfaro Siqueiros también fue objetivo de intervenciones telefónicas por su liderazgo en el Partido Comunista Mexicano.
Por otro lado, la red denominada LITEMPO documentó la colaboración de funcionarios mexicanos con el agente Winston Scott durante la década de los 60. Bajo este esquema, personajes como los expresidentes Gustavo Díaz Ordaz (LITEMPO-2) y Luis Echeverría (LITEMPO-8) fungieron como informantes o aliados estratégicos, proporcionando datos sobre el movimiento estudiantil de 1968 y otras actividades de oposición política a cambio de mantener una relación privilegiada con Washington.
En la historia reciente, la relación ha evolucionado hacia un esquema de diplomacia y visitas de rutina. En mayo de 2021, la administración de Andrés Manuel López Obrador recibió al entonces subdirector de la CIA, David S. Cohen, bajo una política de puertas abiertas a agencias internacionales. En su momento, el mandatario mexicano aseguró que la cooperación se da en un marco de respeto, permitiendo el diálogo con organismos como el FBI, la DEA y la propia CIA para tratar temas de seguridad y diplomacia.





