El gobierno de la República Popular China lanzó una enérgica protesta formal contra la administración de los Estados Unidos, acusando a Washington de “distorsionar hechos” y de “difamar de forma deliberada” su sistema político. El choque diplomático ocurre en el marco de las conmemoraciones globales por el aniversario de la represión militar en la Plaza de Tiananmén ocurrida en 1989.
La fricción entre las dos superpotencias se detonó tras un pronunciamiento oficial emitido por el nuevo secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, quien criticó los esfuerzos de Pekín por censurar la historia dentro de sus fronteras.
“El aparato de censura del Partido Comunista de China puede borrar el evento de los libros de texto y de los motores de búsqueda en internet, pero jamás podrá borrar el recuerdo del valor de los estudiantes ni la brutalidad de la represión de Tiananmén en la memoria colectiva del mundo”, sentenció Rubio, refrendando la línea dura de la Casa Blanca hacia el gigante asiático.
La enérgica respuesta de Pekín
La contestación del Ministerio de Relaciones Exteriores de China no se hizo esperar. Durante una rueda de prensa, el portavoz de la cancillería instó al gobierno de Donald Trump a sacar las manos de los asuntos internos de su país y a respetar las decisiones históricas del Estado chino:
Acusación de injerencia: Pekín señaló que las declaraciones del jefe de la diplomacia estadounidense constituyen una violación flagrante a las normas básicas de las relaciones internacionales y una provocación ideológica obsoleta.
Defensa del modelo chino: El portavoz afirmó que el camino del desarrollo político y social elegido por el pueblo chino ha demostrado su éxito con décadas de estabilidad, crecimiento económico y paz, por lo que rechazó cualquier escrutinio o “lección de moral” proveniente de Occidente.
El episodio de la Plaza de Tiananmén de junio de 1989 —donde el ejército intervino con tanques y tropas para disolver protestas estudiantiles en favor de la democracia— sigue siendo uno de los temas políticos más sensibles y estrictamente prohibidos dentro del internet y los debates públicos en China, convirtiéndose año con año en un punto de fricción inevitable en la agenda bilateral con los Estados Unidos.





