Adán Augusto es síntoma inequívoco de la crisis por la que atraviesa la cúpula de empoderados personajes que dejó el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
El muy cuestionado senador estuvo breves instantes en Puebla para cumplir un pacto político con su amigo de cámara y de paso, para confirmar que la aldea poblana también le huye al escándalo y al cuestionamiento público de todos las acusaciones informales que pesan en su contra.
Sí, los mismos que hace apenas unos meses aplaudían y se arremolinaban en torno del jefe político en la cámara de senadores, en esta ocasión optaron por la ausencia para evitar cometer errores locales y de paso, para no tener que dar la mano y el pésame al también ex gobernador de Tabasco.
El momento político de Adán Augusto es delicado, la sospecha lo abraza y los señalamientos sin denuncias formales hasta ahora, lo llevan a la auto proyección perfecta de la orfandad política.
Por ello, el “hermano a toda prueba” del ex mandatario federal ya es visto dentro y fuera de la 4T como el síntoma que mejor retrata la enfermedad que crece y se agrava de forma acelerada en Morena.
En esta analogía sanitaria, México es un paciente ingresado a un improvisado hospital del IMSS para ser tratado por una lesión de esguince, sin embargo ya en el quirófano, un cirujano extranjero y de ojos azules que no tendría nada que estar haciendo en la instalación médica corrige el disparatado diagnóstico y afirma que el enfermo debe ser amputado.
En otro momento, ese especialista anglosajón no tendría forma de siquiera sugerir, sin embargo, hoy el laboratorio clínico de resultados es suyo y por tanto, tiene las pruebas de sus afirmaciones.
El país no solo está enfermo, su cuadro clínico es de gravedad por una septicemia de corruptelas que han acelerado su descomposición gracias a “terapias” que prometían exactamente lo contrario.
Los escándalos de corrupción heredada que se exhiben incluso desde el propio gobierno federal confirman el delicado escenario que se vive en el círculo político y de seguridad del primer nivel en México.
La estructura política y administrativa construida por López Obrador se fractura de forma evidente ante las filtraciones de información privilegiada que dan cuenta de un cúmulo de casos en los que la colusión y encubrimiento oficial habrían sido la norma en la pasada administración.
No hay mucha sorpresa con este cuadro, ya sabíamos que el país estaba mal, ya sabíamos que este nuevo régimen representaba serios riesgos, ya sabíamos que la corrupción no se había acabado, ya sabíamos que había muchas mentiras en el discurso oficial y también, ya sospechábamos que un tsunami de abusos estaba arrasando a la administración pública federal.
Lo que no sabíamos y tampoco era imaginable, es que esta crisis haya comenzado a implosionar a tan solo meses de que AMLO dejara el poder.
Adán Augusto es solo un caso, pero resulta emblemático por el derrotero que su futuro habrá de significar para morena y para el país. Detrás de él hay muchos más que ya están enlistados desde Estados Unidos y que hoy viven en la zozobra por saber si habrá la protección prometida o no.
La mandataria tiene en sus manos, la decisión histórica.





