El Gobierno de China está cada vez más preocupado por las implicaciones de los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump a México, que podrían marcar el inicio de una campaña global para forzar a los países en desarrollo a elegir entre comerciar con Estados Unidos o con China. Esta situación plantea nuevos retos para el gigante asiático, que ha visto cómo las empresas multinacionales han reorientado sus cadenas de suministro hacia países como México, Vietnam y Tailandia, con el fin de sortear los aranceles impuestos entre Washington y Pekín.
Desde que Trump impuso tarifas comerciales contra China en su primer mandato, muchas compañías han optado por ensamblar productos chinos en países terceros, especialmente México, para evitar los aranceles directos. Este modelo ha permitido a China mantener un acceso indirecto al mercado estadounidense. Sin embargo, lo que preocupa a Pekín ahora es que Washington podría presionar a México para que cierre sus puertas a los productos chinos, a cambio de prórrogas en los aranceles comerciales aplicados a los bienes mexicanos.
La relación comercial entre Estados Unidos y China ha cambiado considerablemente desde 2018. Mientras que el superávit comercial de China con Estados Unidos ha disminuido en casi un tercio, las exportaciones chinas hacia países en desarrollo, incluidos México, han experimentado un crecimiento significativo. De hecho, China ahora vende a México 11 veces más de lo que le compra, con productos como autopartes ensambladas en México que luego se exportan a Estados Unidos.
Esta dinámica ha puesto en alerta a Pekín, que teme que la presión de Trump sobre México pueda ser un modelo para forzar a otros países a elegir entre ambos mercados. La amenaza de aranceles adicionales sobre los productos mexicanos podría interrumpir una de las principales vías de acceso de China al mercado estadounidense, exacerbando la situación de la economía china, que depende en gran medida de sus exportaciones.
México, que no forma parte de los 27 países que tienen acuerdos de libre comercio con China, posee una ventaja en su capacidad para aumentar los aranceles a los productos chinos. Esto se debe a una norma de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que otorga a los países en desarrollo una mayor flexibilidad para aplicar tarifas comerciales. En el caso de México, su arancel consolidado podría llegar hasta un 36%, lo que le permitiría imponer tarifas más altas a productos chinos sin enfrentar represalias inmediatas de Pekín.
En paralelo, otros países en desarrollo, como Brasil, también podrían enfrentarse a la presión estadounidense para no convertirse en puentes para las mercancías chinas. La OMC ha establecido acuerdos especiales con países en desarrollo que les permite un margen mayor para ajustar sus aranceles, pero esta flexibilidad podría verse reducida si las acciones de Trump llevan a un enfoque más estricto en el comercio global.
La situación es más compleja debido a la relación de China con Vietnam, su mayor socio comercial en el sudeste asiático. A diferencia de México, Vietnam no fue miembro de la OMC hasta 2007, lo que le ha permitido seguir normas comerciales distintas que le otorgan más flexibilidad para ajustar aranceles. Este es un factor clave que diferencia la posición de Vietnam respecto a la de México, que está más vulnerable ante la presión de Estados Unidos.
Para China, que depende de un superávit comercial creciente para impulsar su economía, la posibilidad de perder acceso a mercados en desarrollo sería una amenaza significativa. Este superávit es fundamental para sostener su economía, especialmente en medio de un mercado inmobiliario en declive y un bajo consumo interno. Los países en desarrollo, que exportan a Estados Unidos para poder pagar sus importaciones de China, podrían verse atrapados en el centro de esta guerra comercial.
En resumen, la creciente presión de Estados Unidos sobre México y otros países en desarrollo podría redefinir el panorama comercial global, obligando a muchos países a tomar partido en la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Las decisiones que tome México en los próximos meses podrían sentar un precedente que afecte el acceso de China a los mercados más grandes del mundo.





