domingo, junio 7, 2026
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Urge recuperar la vertical.

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Por Iván Mercado.

Febrero ha sido un mes difícil y doloroso para los poblanos de la capital y la zona metropolitana; 8 personas asesinadas, decenas heridas y miles sometidas emocionalmente por una creciente percepción de inseguridad.

Los eventos de inseguridad se han venido multiplicando al grado de registrarse balaceras, desapariciones, ejecuciones y hasta un reo fugado en una sola semana.

Es innegable que Puebla atraviesa por una crisis circunstancial de inseguridad que exacerba los ánimos de una sociedad temerosa e inconforme por sentirse cada vez más acorralada por la violencia.

La angelópolis dejó de ser ese territorio en el que por acuerdos inconfesables o por acciones eficaces de la autoridad se podía vivir con relativa paz. Hoy el estado se ha convertido en una plaza que está bajo la permanente disputa de grupos del crimen organizado.

Los responsables de la seguridad ya reconocen abiertamente la presencia de grupos criminales que buscan apoderarse de las actividades ilícitas que son generadoras de una importante economía informal.

El escenario se agrava mucho más cuando en esta circunstancia de disputa entre grupos de alto poder aparecen células de delincuentes comunes capaces de adquirir armas, de moverse en autos robados y de atacar en nombre de carteles.

La violencia y la inseguridad se multiplican en varios niveles y las autoridades no han logrado recuperar la relativa calma con la que se vivía en el estado.

Sin dejar de instrumentar acciones de prevención y operativos que ya son más bien de rutina, esta crisis proyecta el momento propicio para que quienes diseñan las estrategias y toman las decisiones del más alto nivel, hagan una pausa para retomar el control.

El fallido operativo en contra de Roberto de los Santos alias “El Bukanas” ocurrido a mitad de febrero en la comunidad de El Paredón da clara muestra de que las instituciones siguen vulneradas y comprometidas.

Otro claro ejemplo del descontrol en el manejo de las acciones y de la información fue el patético caso de los tamales de Huauchinango, un evento local en el que 7 menores recibieron atención clínica por una intoxicación tras ingerir tamales “contaminados” con fentanilo.

La irresponsable versión derivó en un escándalo político y mediático en el que incluso el embajador de los Estados Unidos en México condenó un evento que al final, resultó ser falso en los hechos, pero efectivo en materia de percepción negativa para Puebla y para México.

Las ejecuciones de “La sala de despecho”, las irresponsables versiones filtradas a la opinión pública sobre su origen, las concentraciones sociales de la estrella de Puebla descalificadas aún antes de realizarse, el matrimonio asesinado en los límites de Puebla y Tlaxcala, los tamales contaminados de Huauchinango y otras muchas cosas más han venido a enrarecer el inestable ambiente social de los poblanos.

Es momento de retomar cuando menos el control de la retórica institucional a fin de evitar una crisis permanente en materia de percepción negativa.

De hecho, urge hacer una pausa para recuperar la vertical porque como en toda crisis, hay quienes la están pasando muy mal y otros que sin empacho alguno, disfrutan y hasta se frotan las manos.

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