El estreno de Babygirl convirtió a Harris Dickinson en una de las personalidades más comentadas en Hollywood. Su interpretación de Samuel, un joven becario seductor que entabla un romance con su jefa, interpretada por Nicole Kidman, lo catapultó a la fama, convirtiéndolo en un ícono de deseo en las redes sociales. Sin embargo, el actor británico de 28 años dejó claro que no se siente del todo cómodo con la atención que ha recibido.
“Aunque tengo vanidad como cualquier otra persona, no quiero que eso se mezcle con mi autoestima”, declaró en una entrevista exclusiva con The Hollywood Reporter. Aunque reconoce que ser visto como un símbolo de deseo no es algo necesariamente negativo, también admitió que la constante atención sobre su atractivo le resulta extraña. “Es halagador. Es extraño”, expresó con sinceridad.
Con su carrera en ascenso y un papel clave en el futuro del cine, Dickinson enfrenta el reto de mantenerse fiel a sí mismo en una industria que constantemente presiona a sus estrellas a seguir las reglas de la fama. Lo que ha demostrado hasta ahora es que está dispuesto a desafiar esas reglas, incluso si eso implica permanecer en la incómoda posición de ser un actor que no busca la atención a toda costa.

La fama repentina por Babygirl y la incomodidad con la exposición mediática
Más allá de su talento, Babygirl ha colocado a Dickinson en el centro del debate sobre atracción y poder en la pantalla. Su papel, que mezcla vulnerabilidad con autoridad, provocó reacciones intensas del público. Mientras muchas fanáticas lo convirtieron en un objeto de deseo, otros cuestionaron su ascenso repentino.
El propio actor ha tenido experiencias incómodas con desconocidos que no dudan en expresarle sus opiniones. “Recibo una corriente constante de ‘Eres increíble’, lo cual resulta interesante cuando alguien dice ‘Eso fue un desastre’”, confesó Dickinson a The Hollywood Reporter.
La sobrecarga de atención y trabajo, aunque emocionante, también le genera incomodidad. La extenuante rutina y la constante exposición pública parecen chocar con su naturaleza más reservada. “Mi cortisol estaba tan alto que sentía que iba a explotar”, comentó sobre su experiencia.

El papel que no estaba destinado para él, pero que terminó siendo suyo
Aunque Dickinson no fue la primera opción para el papel en Babygirl, un evento fortuito lo llevó a conseguirlo. La directora Halina Reijn había contratado a Nicole Kidman en 2022, pero le preocupaba encontrar a un actor que pudiera igualarla en pantalla. “Pensé: ‘¿Cómo vamos a encontrar a alguien que pueda igualarla y mucho menos superarla?’”, recordó la cineasta.
Ese mismo año, vio a Dickinson en Triangle of Sadness y Beach Rats, y se convenció de que él era el indicado. “Es un niño y un hombre en uno. Un padre y un niño en una sola persona. Incluso su altura, porque necesitaba a alguien que pudiera manejar a Nicole físicamente”, explicó Reijn.
Nicole Kidman, por su parte, elogió la actuación de Dickinson. “Harris es un actor brillante; no me imagino haciendo este proyecto con nadie más”, afirmó la actriz de 57 años en un correo a The Hollywood Reporter.

Nueva York y la ansiedad del rodaje
Para interpretar a Samuel, Dickinson tuvo que mudarse a Nueva York durante cuatro meses. Sin embargo, la experiencia no fue del todo agradable. La energía frenética de la ciudad lo abrumó y afectó su bienestar. “La gente tocaba mi timbre accidentalmente por la noche y yo estaba en un estado constante de estrés”, comentó.
El impacto de la ciudad sobre él fue tan fuerte que llegó a notar síntomas físicos. Para un actor que ha construido su carrera en el cine independiente y no se siente completamente cómodo con la maquinaria de Hollywood, la experiencia en Nueva York fue un desafío adicional.
Un origen humilde y una visión distinta del éxito
A diferencia de muchos actores que ingresan a la industria con conexiones familiares o privilegios, Dickinson creció en un hogar de clase trabajadora en el este de Londres. Criado por su madre, una peluquera que atendía a sus clientes en la cocina de su casa, aprendió desde joven el valor del esfuerzo y la sencillez.
La actuación llegó a su vida por accidente, cuando su madre lo inscribió en un programa de artes escénicas para mantenerlo ocupado. A partir de ahí, encontró su vocación, aunque el camino no fue fácil. Durante años, acumuló rechazos en audiciones antes de conseguir su primer gran papel en Beach Rats (2017), una película independiente que lo puso en el radar de la industria.
A pesar del crecimiento de su carrera, Dickinson mantiene una relación realista con la fama y el dinero. “Me da miedo comprar cosas, me siento culpable”, expresó el actor. Cuando recibió su primer gran cheque, en lugar de hacer gastos extravagantes, lo invirtió en comprar una casa modesta en su barrio natal.
La evolución de su carrera y el gran reto que se avecina
El éxito de Triangle of Sadness le permitió acceder a un nivel de reconocimiento que le abrió puertas a proyectos más ambiciosos. No solo protagonizó A Murder at the End of the World, sino que su escena de baile en Babygirl se convirtió en un fenómeno en redes sociales.
Su próximo gran desafío es interpretar a John Lennon en la serie de películas biográficas de The Beatles, dirigida por Sam Mendes. Aunque prefiere no hablar demasiado sobre el proyecto, dejó en claro que la oportunidad lo entusiasma y lo asusta a la vez. “Creo que sería una oportunidad brillante interpretar a John Lennon y trabajar con Sam y todos los demás mencionados. Sí, no lo sé. Sería espléndido”, comentó cauteloso.
En un mundo donde la imagen y la presencia mediática son casi tan importantes como el talento, Harris Dickinson se distingue por su actitud reservada y su aversión a los lujos innecesarios. Mantiene su equipo reducido y evita las comodidades excesivas en los sets. “Puedo abrir mis propias puertas y, si quiero una bebida, iré a buscarla”, afirmó en una ocasión, dejando claro que no se deja seducir por los privilegios del estrellato.





