El descubrimiento de cuatro planetas en plena formación dentro del sistema V1298 Tau, con apenas 20 millones de años de existencia, ha permitido a un equipo internacional de científicos —encabezado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA)— descifrar etapas clave en el origen de las supertierras y los subneptunos, dos de los tipos de planetas más abundantes en la Vía Láctea.
El estudio, publicado en la revista Nature, muestra que estos mundos jóvenes se encuentran en un estado “extraordinariamente inflado y ligero”, una condición que hasta ahora solo había sido propuesta de manera teórica. Esta observación directa ofrece un punto de referencia fundamental para comprender cómo evolucionan los sistemas planetarios desde sus primeras etapas.
James Owen, coautor del trabajo e investigador del Imperial College de Londres, explicó que los planetas ya han atravesado cambios profundos: han perdido gran parte de sus atmósferas iniciales y se están enfriando con mayor rapidez de la prevista por los modelos clásicos. Con el paso de miles de millones de años, continuarán reduciendo su masa hasta transformarse en las supertierras y subneptunos compactos que dominan el vecindario galáctico.
V1298 Tau es un sistema excepcionalmente joven si se compara con nuestro Sol, que tiene unos 4 mil 500 millones de años. En torno a esta estrella, aún en proceso de contracción, orbitan cuatro planetas de gran tamaño —con radios entre los de Neptuno y Júpiter— que se están encogiendo conforme pierden sus envolturas gaseosas. En términos humanos, observar este sistema equivale a ver a un bebé de apenas cinco meses de edad.
El hallazgo fue posible gracias a casi diez años de observaciones combinadas con telescopios terrestres y espaciales, centradas en el análisis de los tránsitos planetarios, es decir, las diminutas caídas de brillo que se producen cuando un planeta pasa frente a su estrella. Erik Petigura, profesor de Física y Astronomía en la UCLA, comparó la relevancia del descubrimiento con la del fósil “Lucy” en la evolución humana: un eslabón perdido que conecta las etapas tempranas de formación con los sistemas planetarios maduros.
La identificación completa del sistema requirió intuición, modelos computacionales y persistencia. Durante años, el equipo solo contaba con registros parciales de los tránsitos del planeta más externo. El avance decisivo llegó cuando John Livingston, autor principal del estudio, logró observar un nuevo tránsito desde tierra firme, lo que permitió calcular con precisión su órbita. “Fue como un hoyo en uno”, describió Petigura.
Gracias al análisis de las variaciones en los tiempos de tránsito —provocadas por la interacción gravitacional entre los planetas— los investigadores pudieron medir por primera vez la masa de los cuatro cuerpos. El resultado fue sorprendente: aunque tienen entre cinco y diez veces el radio de la Tierra, su masa es apenas de cinco a quince veces mayor, lo que indica densidades extremadamente bajas, comparables a la del poliestireno.
Esta evidencia confirma una hipótesis largamente aceptada pero nunca comprobada: los planetas jóvenes son grandes, hinchados y poco densos. Además, demuestra que estos mundos no están creciendo, sino encogiéndose rápidamente al perder atmósfera.
El sistema V1298 Tau, descubierto originalmente en 2019, se consolida ahora como un laboratorio natural para estudiar la evolución planetaria. Al observar directamente cómo estos planetas pierden masa y se contraen, los científicos pueden explicar mejor por qué la mayoría de las estrellas albergan supertierras o subneptunos, mientras que el Sistema Solar carece de planetas intermedios entre la Tierra y Neptuno.
Este trabajo abre una nueva ventana para entender el nacimiento y transformación de los planetas. En los próximos años, el seguimiento continuo de V1298 Tau permitirá refinar los modelos existentes y observar, casi en tiempo real, cómo los mundos jóvenes se convierten en los planetas más comunes del universo.




