James Harrison, conocido como el “hombre del brazo de oro”, falleció a los 88 años en una residencia de ancianos en Sídney, Australia. Durante más de seis décadas, Harrison realizó 1.173 donaciones de sangre, gracias a las cuales se salvaron más de 2,4 millones de bebés. Su plasma contenía un raro anticuerpo llamado anti-D, utilizado para desarrollar una inyección que combate la enfermedad hemolítica del recién nacido, una condición en la que la sangre de una madre Rh negativo ataca las células sanguíneas del feto Rh positivo. A pesar de su miedo a las agujas, Harrison comenzó a donar plasma a los 18 años y continuó hasta los 81, siendo reconocido mundialmente por su extraordinaria generosidad y compromiso.
Su fallecimiento y legado
James Harrison falleció mientras dormía en un asilo de ancianos en Nueva Gales del Sur. Su contribución a la medicina y la donación de sangre sigue siendo un testimonio del impacto que una sola persona puede tener en la vida de millones.
Un avance clave en la medicina
Las donaciones de Harrison fueron fundamentales para el desarrollo del tratamiento con Anti-D a gran escala. Antes de 1966, la Enfermedad Hemolítica del Feto y del Recién Nacido (HDFN) afectaba a una de cada 100 mujeres embarazadas en Australia, con consecuencias potencialmente mortales para los bebés.
Ese año, tras un ensayo exitoso con Anti-D, la organización Lifeblood comenzó a buscar donantes con la misma composición sanguínea. Harrison, quien ya era donante habitual, resultó ser clave en la producción de este medicamento.
Gracias a su contribución, se produjeron aproximadamente 2.4 millones de dosis que ayudaron a prevenir la enfermedad en recién nacidos.
“Cada bolsa de sangre es valiosa, pero la de James es particularmente extraordinaria. Su sangre es utilizada para producir un medicamento que salva vidas al ser administrado a madres cuya sangre podría atacar a sus bebés”, explicó Jemma Falkenmire, del Servicio de Sangre de la Cruz Roja Australiana, en una entrevista con CNN.
Un caso excepcional en la ciencia
Aunque los médicos no han determinado con exactitud por qué el ADN de Harrison tenía esta composición única, se cree que pudo estar relacionado con las transfusiones que recibió en su juventud. Solo unas 50 personas en Australia han sido identificadas con anticuerpos similares.
Por recomendación médica, en mayo de 2018 dejó de donar sangre para evitar riesgos a su salud. A lo largo de su vida, su altruismo fue reconocido con múltiples distinciones, incluida la Medalla de la Orden de Australia en 1999, otorgada a ciudadanos por contribuciones destacadas al país.






