Un sondeo realizado en las calles de la ciudad de Puebla, revela un panorama de preocupación generalizada, donde las medidas preventivas se han convertido en parte del día a día, mientras que la fe en el sistema de denuncia se desvanece ante la percepción de impunidad.
Diez poblanos de distintos perfiles alzaron la voz para compartir sus experiencias y sus temores. Si bien la mayoría reconoce la importancia de denunciar un delito, casi todos coinciden en que el proceso es ineficaz y que, al final, la justicia brilla por su ausencia.
Para los habitantes, la seguridad no es una estadística, es un sentimiento de vulnerabilidad constante.El sentir general es que la seguridad ha empeorado. Josefino Flores afirma que la inseguridad “va en aumento” y que la seguridad “no ha mejorado”.
Como muchos, su principal estrategia es mantenerse alerta, prestando atención a quienes le rodean para evitar ser seguido. Aunque admite que la denuncia es crucial, especialmente para dejar un registro, lamenta que las empresas no siempre toman en cuenta estos procesos, restándole peso a la evidencia.
Para Alejandro Hernández, la seguridad ha mejorado “un poco”, pero aún queda “un largo camino”. Aconseja evitar calles solitarias y lugares “indebidos”, una lección que aprendió de primera mano como víctima. Aunque valora la denuncia para tener un registro, también expresa la preocupación de que sus pertenencias robadas puedan ser usadas para fines ilícitos.
La situación es especialmente crítica para los transportistas. Jorge García considera que la seguridad “está peor que antes”. Su escepticismo es profundo, pues no cree que la denuncia funcione, ya que, en sus propias palabras, “hay ocasiones en que las autoridades trabajan con los delincuentes”.
Esta sensación de desamparo es compartida por Carlos del Pino, quien ha sido víctima de la delincuencia y cree que “la inseguridad va en aumento”.
Él solo ve valor en la denuncia si las autoridades “tomarán cartas en el asunto”, una condición que muchos sienten que no se cumple.Las experiencias personales de los poblanos reflejan el nivel de violencia al que se enfrentan.
Marco Antonio Ortega narra un asalto traumático en el popular Parque Juárez. Él y su esposa fueron amenazados con armas de fuego, obligándolos a entregar sus pertenencias por miedo a ser agredidos.
Yolanda Fuentes e Ivonne Hernández refuerzan la idea de que la situación está en declive, citando el aumento de robos y la falta de policías. Ivonne, en particular, señala las zonas universitarias como puntos de alto riesgo y subraya la importancia de denunciar para “llevar un registro”, aunque reconoce que la mayoría de las veces “no sirve para nada”.
No todos tienen una visión tan pesimista. Bianka Pérez Camacho ve una mejora en la seguridad gracias a los “nuevos programas” implementados por el gobierno. Su recomendación para la comunidad es la formación de “grupos vecinales de apoyo”.
Sin embargo, incluso ella, que ha sufrido la inseguridad, critica que el proceso de denuncia es “muy lento” y sirve más para estadísticas que para una verdadera solución.
La desconfianza en el sistema de justicia es un tema recurrente. Abel Rodríguez, con una perspectiva contundente, desmiente la narrativa oficial del gobierno poblano que presume tener la “mejor seguridad del país”.
Para él, la realidad es “todo lo contrario”, con un aumento de violencia, muertes, asaltos y extorsiones. Su mayor crítica es hacia el sistema judicial, pues considera que “se defiende más al delincuente que a la víctima”. Este sentimiento de impunidad es el principal obstáculo que los ciudadanos encuentran para confiar en el proceso de denuncia.
Hugo Hernández resume la situación al sugerir que no se utilicen objetos de valor. Para él, la denuncia debería ser una “medida de control” para mejorar la prevención, lo que implica una visión de la denuncia más como una herramienta para la recopilación de datos que como un camino hacia la justicia.
En conclusión, los habitantes de Puebla han alzado la voz para dejar en claro su preocupación por la violencia y el clima de inseguridad. Si bien las recomendaciones de prevención como circular por lugares transitados o salir acompañado son una constante en sus vidas, la desconfianza en las autoridades y en el sistema de denuncia prevalece.
La ciudadanía se enfrenta a una paradoja dolorosa: sabe que debe denunciar, pero la experiencia le enseña que este acto, aunque importante, a menudo no marca una diferencia real en la lucha contra la delincuencia.




