lunes, julio 6, 2026
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La historia detrás del Museo Amparo y su icónica cúpula

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Si alguna vez has caminado por la terraza del Museo Amparo, es probable que hayas notado una gran cúpula que sobresale entre la arquitectura del lugar. Aunque pareciera ajena al museo, este elemento pertenece al Templo de San Juan de Letrán, ubicado a un costado, y forma parte de la historia del recinto.

El Museo Amparo abrió sus puertas en 1991, pero los edificios en los que se encuentra tienen una historia de 487 años, pues originalmente albergaban el primer hospital de Puebla, conocido como El Hospitalito.

En 1538, cuando el nosocomio fue construido, contaba con un templo en su interior donde los enfermos y sus familias podían orar. Aunque hoy el hospital ya no existe, el museo conserva vestigios de su pasado. Pocos imaginarían que, al recorrer sus pasillos, están caminando por los mismos espacios donde miles de personas buscaron sanación siglos atrás.

Del primer hospital de Puebla a un museo de renombre

El Hospitalito fue fundado siete años después de la creación de Puebla y 17 años después de la caída de Tenochtitlán, lo que lo convierte en una de las instituciones más antiguas de la ciudad.

Con el paso del tiempo, sus instalaciones tuvieron distintos usos. En 1642, el obispo Juan de Palafox y Mendoza ordenó el traslado de los enfermos a otro hospital, ubicado en el actual Museo San Pedro de Arte.

A partir de entonces, el edificio y sus predios anexos se convirtieron en sede de diversos colegios, como el de Niñas de la Purísima Concepción, y un albergue para mujeres casadas o viudas. Posteriormente, albergó el convictorio (dormitorio) de sacerdotes jesuitas, un asilo de ancianos y hasta viviendas particulares.

En 1871, una parte del edificio pasó a ser la residencia de Vicente Espinosa Bandini, abuelo de Manuel Espinosa Yglesias, reconocido filántropo poblano y fundador del Museo Amparo.

¿Por qué se llama Museo Amparo?

El museo lleva este nombre en honor a Amparo Rugarcía, esposa de Manuel Espinosa Yglesias. Antes de la creación del recinto, en 1979, la familia fundó la Fundación Amparo como un homenaje a ella.

Tres años después de la apertura del museo, en 1994, su hija asumió la presidencia de la fundación, cargo que ocupó hasta su fallecimiento en 2007.

“El Museo Amparo es una institución privada fundada en 1991 en memoria de Amparo Rugarcía. Primero se creó la Fundación Amparo y, años más tarde, el museo”, explica Fernanda Malpica, analista de contenidos del recinto.

Espinosa Yglesias fue una figura clave en el desarrollo cultural de México. Empresario y director de Bancomer durante más de 25 años, también impulsó proyectos dedicados a la investigación, conservación y difusión del arte mexicano.

El Museo Amparo se ha consolidado como uno de los espacios culturales más importantes de Puebla, gracias a la visión de su fundador y el compromiso de su familia con su crecimiento. Durante la década de los 90, Espinosa Yglesias decidió renovar los espacios del museo y encargó la obra a Pedro Ramírez Vázquez, uno de los arquitectos más reconocidos de México, responsable de edificaciones icónicas como el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe y el Museo Nacional de Antropología.

Recuerdos del Amparo

Fernanda Malpica, quien hoy trabaja en el museo, recuerda sus primeras visitas al lugar junto a su padre, un investigador de la BUAP, cuando ella era estudiante de secundaria.

“Mis espacios favoritos eran la biblioteca y la cafetería. El museo era diferente, pero al mismo tiempo sigue conservando su esencia”, comparte.

Antes de 2010, el auditorio tenía otra configuración, la taquilla estaba en el patio colonial y la cafetería original daba hacia la calle. En 2013, la terraza fue renovada y adquirió su aspecto actual: con azulejos azules, detalles de madera y una cafetería con paredes de cristal, lo que permite una vista espectacular de la ciudad.

Tras el fallecimiento de su padre, Malpica decidió trabajar en el Museo Amparo como una forma de honrar su amor por la cultura.

“Es importante que quienes conocieron el museo hace años vuelvan a visitarlo y revivan sus recuerdos. La arquitectura y los objetos siempre nos conectan con el pasado”, concluye, mientras observa los mismos espacios que alguna vez recorrió de la mano de su padre, en este recinto que hoy cumple 34 años de historia.

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