“Muero por unos tacos que están cerca de mi casa”, dice Osmar Olvera antes de atender la entrevista con Excélsior.
La sonrisa inmensa lo delata. Es confidente de su sueño y su pasión más grande. No es para menos, se acaba de convertir en doble medallista (plata y bronce) en los Juegos de París.
En el trayecto de la capital de Francia al país, Osmar piensa en esa espina clavada que le provocaron los chinos tras arrebatarle el oro en los sincronizados con Juan Celaya.
Y aunque esa plata le supo a oro, no descansará hasta verlos nuevamente sufrir con la preocupación que les dio que alguien les quitara el trono.
Quiero hacer mis campamentos en China, si se puede todos los años. Ya le dije a Ma Jin (su entrenadora) que nos tenemos que ir allá, ver a los niños de 10 años que tienen mejor técnica que yo y aprender de ellos para poder pulir mi trabajo. No son robots, son de carne y hueso y se les puede ganar”, señaló.
Osmar Olvera paralizó México. La gente se desveló para verlo triunfar en la disciplina de clavados y los privilegiados que estuvieron en París, verlo hacer historia. Su concentración y su forma de quitar el estrés fue la música y la terapia que ha formado durante su corta carrera.
Siempre estuve muy concentrado pensando clavado a clavado que seguía, cada detalle de lo que tengo que hacer y sentir. Escucho música que me meta en ese modo competitivo. En los clavados sincronizados lo viví más centrado a los chinos, aunque también viviendo el momento. Siempre me voy automotivando y diciendo palabras claves que he manejado durante mi carrera; a la hora de saltar, disfrutarlo”, destacó.
Con información de Excélsior





