Estados Unidos trabaja en una nueva estrategia para la fabricación de armamento basada en la producción rápida y de menor costo, con el objetivo de responder a las necesidades de los conflictos actuales y reducir la dependencia de sistemas altamente complejos y costosos.
El enfoque ha sido comparado por algunos analistas con un “modelo McDonald’s”, debido a la intención de aplicar procesos de fabricación estandarizados, utilizar componentes comerciales disponibles y simplificar las etapas de ensamblaje para aumentar la capacidad de producción.
La estrategia surge en un contexto de creciente demanda de misiles y otros sistemas de defensa, luego del desgaste registrado en los arsenales estadounidenses durante las tensiones y conflictos recientes en distintas regiones.
Producción más rápida y con procesos simplificados
El nuevo modelo busca priorizar la velocidad de fabricación y la disponibilidad de unidades, mediante el uso de piezas comerciales y métodos de ensamblaje que permitan reducir tiempos de producción.
Doug Denneny, director ejecutivo de la empresa de defensa Co-Aspire, señaló que este tipo de procesos podrían ser aprendidos por trabajadores en periodos relativamente cortos y adaptarse a instalaciones distintas a las tradicionales de la industria militar.
Competencia frente al uso de drones
Los conflictos recientes en Ucrania y Medio Oriente han mostrado el papel creciente de los drones de bajo costo fabricados en grandes cantidades. Ante este escenario, Estados Unidos busca desarrollar una capacidad industrial que le permita producir sistemas de defensa a mayor escala y mantener una respuesta sostenida en posibles escenarios de confrontación.
El objetivo de esta transformación es modificar la forma en que se fabrican los misiles y otros equipos militares, con una mayor capacidad de producción y una reducción en los costos asociados.





