Anoche, en el Zócalo, Interpol ofreció un concierto que quedará marcado en la historia.
Increíble, ¿verdad? Paul Banks (voz) y Daniel Kessler (guitarra) lo lograron, demostrando todo el peso cultural de su origen neoyorquino y su pertenencia a una generación de músicos que, a principios del siglo XXI, revitalizó el rock con el resurgimiento del garage.
Justo antes de que comenzara el concierto a las 20:00 horas con “C’mere”, un punk veterano apareció con un galón transparente, esparciendo un olor que bien podría haber sido Oso Negro o el famoso Tonayan.
Este fue el contexto en el que se desarrolló el concierto. Lo más destacado fue escuchar completamente la canción mencionada del álbum “Antics”, una tarea desafiante ya que Sam Fogarino, el baterista original, estaba ausente debido a una cirugía. Chris Broome, su técnico de batería, lo hizo posible junto a Paul y Daniel.
A pesar de la ligera lluvia durante la actuación telonera de Water From Your Eyes, que provocó un denso olor a humedad, fue una excelente manera de dar la bienvenida a “Say Hello To The Angels”. Además, la hierba también contribuyó, creando nubes que hicieron de “Narc” algo único.
Por supuesto, Interpol estaba vestido para la ocasión. Paul con sus lentes oscuros y su cabello perfectamente peinado, evocando la atmósfera post-punk que siempre los ha caracterizado desde que lanzaron “Turn on the Bright Lights”. Comparado con otros conciertos, el cantante parecía un poco más reservado de lo habitual. Su español falló en un par de palabras al presentar “My Desire”.
¿Quién asistió al concierto de Interpol? Mayormente personas de los primeros años de los 2000, bebiendo, fumando, cantando y disfrutando sin pasar mucho tiempo con el celular en la mano. Por supuesto, también estaban aquellos que creen que no hay necesidad de pagar entrada, observando el espectáculo con incredulidad. Entre ellos, varios llevaban niños en hombros, algunos hijos de fanáticos de Interpol y otros simplemente curiosos.
“Ya llevamos 20 años viniendo y este lugar es especial para nosotros. Gracias por venir”, dijo Paul en su español con acento chilango, adquirido durante sus tres años de residencia en la ciudad. Entre la multitud, los vendedores de cerveza intentaban salvar la noche a pesar de la sensación de humedad.
“The Rover” trajo de vuelta ese ritmo que identifica a toda una generación, mientras que “All The Rage Back Home” demostró la evolución de un grupo acostumbrado a una audiencia tan entregada.
Generaciones más jóvenes se adueñaron de “Rest My Chemistry”, también más centradas en el corazón que en sus teléfonos. El futuro del rock está en buenas manos. En comparación con el concierto que Rosalía ofreció hace un año en el mismo lugar, saturado de pantallas, aquí pudimos apreciar a la banda en su totalidad y sentir canciones como “Not Even Jail”.
Sin embargo, la verdadera belleza se manifestó en “NYC”. La Plaza de la Constitución iluminada solo para dar vida a esa línea nostálgica “It’s up to me now / Turn on the Bright Lights”. “Evil”, “Public Pervert” y “Slow Hands” no fueron dejadas para el final del espectáculo para evitar un cierre predecible.
Paul prefirió no hablar demasiado. Dijo que los fanáticos lo matarían si no tocaba lo suficiente. Su bis duró un poco más de lo esperado y el tiempo muerto fue aprovechado para arrojar cervezas, empapar a la gente y disfrutar con lo que había disponible. El olor a cannabis también hizo su presencia.
Interpol se despidió con “Untitled”, la desgarradora “No I Threesome” y “Stella Was Diver and she Was Always Down”. 21:40 horas. Fue breve, pero dejó la sensación de que esta ciudad aún vibra con el rock.





